martes, 25 de agosto de 2020

El trabajo de un corrector

 

Corregir no es fácil. De hecho, es una labor muy meticulosa, en ocasiones fatigosa, extremadamente precisa y metódica. Pero ¿qué es corregir? Primero digamos lo que no es.

Corregir no es confeccionarle el texto a un autor que tiene una idea más o menos brillante y quiere disponer de un escribano que se la desarrolle. Corregir tampoco es destrozar el espíritu original de un texto literario o de cualquier tipo. Y, por supuesto, corregir no es en modo alguno convertir un documento de poca calidad literaria en una novela de Kafka o en unos versos de Luis Cernuda.

La corrección ortotipográfica y de estilo es la intervención directa de un profesional cualificado (ya sea un filólogo o cualquier otro experto con conocimientos y práctica en este campo) sobre un texto literario, científico o de cualquier clase con el objetivo preciso de corregir posibles errores de naturaleza ortográfica y tipográfica y de mejorar su estilo.

El trabajo de corrección, a veces poco reconocido y gratificado —¿quién tiene conocimiento del nombre del corrector de García Márquez?—, requiere ser flexible a la hora de trabajar sobre un texto. Es decir, esta labor no se reduce a seguir una serie de normas estrictas fijadas por las “autoridades de la lengua” (principalmente la RAE, en el caso del castellano), sino que exige que el corrector tenga en cuenta qué expresión, qué palabra o qué estilo pueden ser los más apropiados para un texto, respetando siempre la decisión del autor y sus preferencias estilísticas.

Extraído del blog Diseccionando libros

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