miércoles, 6 de octubre de 2021

¿SE HACEN MÁS LIBROS PERO CON MENOS PÁGINAS?

 



¿Adelgazan los libros? ¿Reducen las ediciones el número de páginas? ¿Los lectores prefieren obras más cortas? ¿Son económicos o culturales los factores que pueden estar describiendo este escenario? Editores y libreros valencianos abordan estas cuestiones. Las opiniones son diversas en un territorio que no es ajeno a la cultura del «microtodo», como apunta Manuel Ramírez, jefe de producción de la editorial Pre-Textos.

Algunas voces hablan de una tendencia de los lectores a apartarse de los tochos, otras advierten de la fuerza de la autoedición, una manera de sacar a la calle libros más delgados. No faltan las opiniones que hacen hincapié en que las tiradas son más cortas y también hay pronunciamientos que plantean si no será que los autores escriben menos. Todo en un contexto en el que las editoriales pequeñas cada vez están más presentes.

Las cifras que acompañan al número de títulos publicados según las páginas, dados a conocer el Instituto Nacional de Estadística (INE), son elocuentes. Descubren la pérdida de papel en los volúmenes. Entre 2008 y 2017 (últimos datos del INE) el número de volúmenes publicados pasó de 16595 a 10954 en títulos de 200 a 300 páginas. En el tramo siguiente, el que analiza los libros de 500 páginas se anota otra caída, de 12562 a 8950 publicados. En el caso de los que superan el medio millar de páginas la relación se reduce casi a la mitad al pasar de 5531 a 2943 y por encima de las mil desciende más de la mitad la cantidad de obras salidas de las imprentas, pues mientras en 2008 fueron 1714, en 2017 la cifra se adelgazó hasta 556.

¿Qué se esconde detrás de esas cifras y situaciones? La respuesta unas veces se encuentra en el bolsillo, otras en condicionantes culturales como la falta de tiempo para invertirlo en lectura o la potente competencia que ejercen las nuevas tecnologías.

Manolo Ramírez, jefe de producción de la editorial valenciana Pre-Textos, asegura que «hasta hace poco se pedían novelones de 700 páginas. Ahora la oferta son libros más cortos. De no ser un clásico se tiende a menos, el ritmo es otro». Pese a ello, llama la atención en el hecho de que «el e-book no acaba de arrancar».

Ramírez está convencido de que la razón de este fenómeno es «básicamente económica». Si el libro es extenso « requiere más papel, las correcciones de las pruebas reclaman más tiempo y cuestan más, y el montaje también». No obstante, apunta que no limitan a los autores el número de páginas, algo que sólo suele ocurrir cuando «se trata de concursos».

Este experto en edición, aunque apunta esa razón como la causa de un adelgazamiento de los libros, no deja de hablar de condicionantes culturales. El mundo del negro sobre blanco no se puede observar al margen del cambio de hábitos en una sociedad marcada por «cierta tendencia al microtodo». Entre el público joven «domina la cultura visual», apunta Ramírez, quien se muestra cauto a la hora de hablar del recorrido que puede tener este gusto ligado a los tiempos que corren.

«Cada vez son más cortos»

El editor de Olé Libros, Toni Alcolea, lo tiene muy claro. «Los libros cada vez son más cortos. La media de páginas está en torno a las 250, algo que hace diez años era impensable». Cita la excepción de bestseller, que siguen siendo obras con más papel. Pero al mismo tiempo habla de que se observa un interés importante por los relatos, publicaciones de menor extensión. En su análisis, Alcolea introduce otro elemento a considerar y que ayuda a comprender la situación. «Las tiradas son más cortas. Hace diez años se hacían ediciones de dos mil ejemplares, sin embargo ahora pueden estar por los 500 o 600», advierte.

También Paco Ivars, propietario de la librería Berlín, menciona las tiradas en su reflexión sobre la realidad que acompaña al libro. «La editorial prefiere apostar por tres autores al mismo tiempo, más que por uno con tiradas grandes. De esa manera si uno de los tres falla se puede compensar», apunta. Ivars, además, observa que «los libros ya no son como antes, aunque siempre sale alguno más largo». El contacto directo con el público le ha permitido observar que «el lector huye un poco del tocho y se ha puesto de moda el libro pequeño de entre 40 y 50 páginas».

Más rentable

En la editorial Sargantana no tienen claro que el adelgazamiento de los volúmenes sea tendencia. «No ponemos límite» de páginas, asegura Enrique Olmos, editor de este sello, quien apunta que habría que ver si «tal vez el autor escribe menos». A su juicio, quien «es lector de verdad prefiere muchas páginas porque le resulta más rentable. Paga más, pero tiene para leer más tiempo». Olmos introduce otro factor cuando señala que «en los últimos veinte años han crecido exponencialmente los libros autoeditados».

También Gonçal López-Pampló, director literario de Bromera, incide en esta circunstancia. «En las librerías están entrando muchas autoediciones, que son libros mucho más cortos», afirmación que no le aparta de aclarar que no ha percibido que los volúmenes pierdan peso. Considera que si «ocurre es posible que se deba a una casualidad» que en uno o dos años puede ofrecer otro perfil y también recuerda que no se ponen límites a los autores.

López-Pampló advierte de la influencia que pueden traer los cambios culturales que describen los hábitos lectores y que pasan necesariamente por cuestiones como el consumo de series de televisión o la oferta de ocio que ofrecen las nuevas tecnologías. La reflexión sobre esta relación le lleva a apuntar una conclusión «radical», como él mismo la califica. «No creo que la gente vaya a leer libros más cortos por influencia de las series de televisión o de las nuevas tecnologías», sino que «directamente no va a leer», asegura el director literario de Bromera.

El experto constata la tendencia entre los jóvenes a la búsqueda de una lectura de contenido «más ligero». Cita las publicaciones de los 'yotubers', un fenómeno que a su juicio puede protagonizar «una invasión del mercado de libros con planteamientos más ingenuos». El territorio de los adultos es distinto. «El número de páginas no condiciona. Superados los 50 se tiene una formación sentimental y cultural que lleva a disfrutar de novelas largas», mientras que «los jóvenes no las resisten», advierte. También Olmos refiere la atracción de las publicaciones de los 'youtubers' entre el público joven.

Aunque hay datos que hablan de un descenso de los títulos de mayor grosor, también hay opiniones que no comparten que la mayor o menor extensión sea el criterio determinante en las tendencias editoriales. «No creo que tenga que ver con el número de páginas», apunta Almudena Amador, de la librería Ramon Llull. La propietaria de la librería Soriano, Chelo Soriano, asegura que no ha observado la tendencia a libros más delgados. Nacho Larraz, de El Cressol, no se atreve a hablar de esa tendencia, pero observa entre los jóvenes una tendencia al «libro más visual, de lectura más rápida».


Artículo extraído de Las Provincias

martes, 21 de septiembre de 2021

Doce puntos que debes revisar al terminar tu obra

 


Lista de verificación

¿Acabas de terminar tu libro? ¿Has escrito la última frase y le has puesto un punto final con gran entusiasmo? Sin ánimo de ser una aguafiestas, debo decirte que todavía te queda trabajo. Antes de dar por bueno el texto, sea ficción o no ficción, comprueba que puedes poner una equis al lado de cada un de los 12 puntos de esta lista de verificación. Y lo siento, pero tengo otra mala noticia: si es la primera versión de tu libro, lo más probable es que no sea suficiente con revisar todo lo de esta esta lista. No te desesperes, estos 12 puntos que debes revisar al terminar tu libro pueden ser un buen punto de partida para el proceso de edición de tu primer borrador.

Puntos que debes revisar en ficción y no ficción

  1. Recuerda: no deben aparecer personajes en la primera página que luego quedan olvidados porque no desempeñan un papel, ni sirven al argumento de la historia. No es cosa mía, lo decía Chejov. En no ficción no aparecen datos o hechos en la introducción que no tienen nada que ver con el resto del texto.
  2. El texto está limpio de explicaciones innecesarias.
  3. Hay una estructura tan clara y lógica que apenas es visible para el lector. Para no ficción es muy importante que los capítulos tengan sentido, que se vaya sumando a lo que se está contando.
  4. Has evitado utilizar palabras complicadas, que no mejoraban en nada el texto ni facilitaban la lectura.
  5. Has evitado frases hechas y redundancias como «salió volando por los aires», «subí arriba», «lo hice con mis propias manos», «él lo vio con sus propios ojos».
  6. El final deja al lector con ganas de más, pero satisfecho con la historia.

Puntos que debes revisar en ficción

  1. Todos los personajes, especialmente el protagonista, evolucionan a lo largo de la historia. Pasa algo que les hace cambiar. Cuando digo todos, quiero decir que los secundarios tampoco pueden ser completamente planos.
  2. Los personajes son creíbles, el lector puede empatizar con ellos, puede comprenderlos.
  3. La historia es verosímil (no tiene por qué ser realista), tiene sentido, es coherente, no hay partes que no encajan.
  4. No explicas todo, ni describes físicamente con todo detalle. Dejas que el lector imagine.
  5. Evitas que los nombres de los personajes se parezcan o empiecen todos por la misma letra. El lector tiene que poder distinguirlos claramente.
  6. No utilizas negritas, cursivas ni comillas para dar énfasis a una palabra, porque piensas que el lector no lo va a entender. Si crees que no lo va a entender, te recomiendo que revises la escritura.

Puntos que debes revisar en no ficción

  1. El lenguaje es cercano y comprensible. Cuando hay palabras científicas o específicas de un campo, se explican de modo sencillo, en el propio texto y, si es necesario, en una nota.
  2. Has evitado la proliferación de notas a no ser que sea un texto académico, para una editorial especializada.
  3. Si tiene notas, comprueba que están unificadas, es decir, todas siguen las mismas normas, la misma estructura.
  4. Si hay una bibliografía, comprueba que está en orden alfabético y que sigue las mismas normas y estructura que se han aplicado en las notas.
  5. La división en capítulos tiene sentido. Los capítulos, a su vez, están estructurados. Se va de lo general a lo particular.
  6. Hay una introducción en la que se explica la intención del libro y hay unas conclusiones que recogen y reiteran de modo resumido todo lo que se ha dicho. A menudo esta conclusión incluye, además, una reflexión personal del autor acerca de lo que se ha expuesto.

Tengo un último punto, así que, en total, son 13, que es un número estupendo. ¡Haz un índice de contenidos! Y comprueba que los títulos del índice coinciden exactamente con los del texto. Es cierto que hay novelas cuyos capítulos solo llevan un número. En ese caso, no sería necesario, pero si quieres añadir unos agradecimientos, una nota de autora sobre las fuentes o la veracidad de la historia, por ejemplo, o cualquier otro elemento que no sea parte de la novela, ¡haz un índice! Si el libro es de no ficción, hay que hacer un índice en el que tiene que aparecer todo: introducción, lista de ilustraciones, capítulos, notas, bibliografía, agradecimientos, etc.

Ahora que tienes en la cabeza estos 12 puntos que debes revisar al terminar tu libro, quiero insistir en lo que decía al comienzo: es casi imposible que el primer borrador de cualquier obra sea el definitivo. En La realidad de un escritor Vargas Llosa dice: «Considero que he terminado un libro cuando estoy tan cansado de reescribirlo que no puedo soportar la idea de continuar trabajando en él». Hace, como mínimo, tres versiones de sus libros. Cuenta que escribe un primer borrador sin pensar mucho, sin tener clara la trama, escribe para descubrir las posibilidades de esa trama. Después, empieza a organizar la estructura y finalmente pule la historia. Para él la creación empieza cuando tiene que elegir, seleccionar, eliminar todo lo que no merece la pena para el desarrollo de la historia y dice que cuando más disfruta es durante ese proceso de edición.

Para escribir, tenemos que aprender a corregir nuestros textos y corregir no es poner bien los puntos y las comas, es desprenderse de todo lo que no sirve para la que avance historia. No podemos enamorarnos de cada frase que escribimos.

Extraído del blog de Ana Bustelo

lunes, 30 de agosto de 2021

PODCAST LITERARIO, LA PROMOCIÓN MÁS EFECTIVA PARA TU OBRA

 


El podcast es una de las mejores promociones que se ofrecen a los autores para dar a conocer sus obras.
Se trata de una entrevista vía telefónica de una media hora de duración en la que el autor se podrá explayar en hablar sobre su novela y pueda llegar al mayor número de oyentes.
Es una entrevista grabada, que se editará con música de fondo y quede lo más atractiva posible. El entrevistador es una persona profesional dedicado a los podcast durante muchos años y el autor/a se sentirá muy a gusto durante el proceso de grabación.
Una vez que se edita, se le pasa al autor para que lo mueva en las redes sociales; además, se colgará en la plataforma iVoox en nuestra cuenta de la editorial y allí se podrá escuchar las veces que se quiera y se descargue de forma gratuita para escucharlo a la hora que se desee.


Se incluirá en la plataforma YouTube, con imágenes que nos aporte el escritor, porque entendemos que las personas consumen muchos vídeos y este sitio es bastante interesante para darse a conocer.
Y además de todo esto, nuestra editorial anunciará durante 10 días en Facebook con anuncio de pago para llegar al mayor número de posibles lectores.
Y, por último, le haremos una entrada en nuestro blog cultural, y que tiene más de 100 000 visitas.
Creemos que todos estos servicios que ofrecemos es una promoción bastante eficiente y estar presente en: Facebook, Twitter, iVoox, YouTube, Linkedln, hacen de este servicio uno de los más completos que ofrecemos a todos los escritores/as.

 

Pregúntanos y te informaremos de cuánto sale esta promoción. Te sorprenderá el precio.

info@editorialcm.com

jueves, 19 de agosto de 2021

PRODUCCIÓN EDITORIAL POR COMUNIDADES

 


Uno de los indicadores básicos de la cultura de un territorio, el de la producción editorial, sitúa a la provincia de Almería entre las más prolíficas del país. Tan solo Madrid y Barcelona superaron a Almería en edición de libros en los últimos años, según el recuento que ayer publicó el Instituto Nacional de Estadística. Durante el último año fueron 1803 títulos, de los que 1683 corresponden a libros y 120 a folletos. Una producción editorial superior a la que tienen 50 de las 52 provincias del país y que supera incluso al número de libros de catorce comunidades y ciudades autónomas. Almería ha pasado de generar 235 libros en papel en 2008 a 1683 casi diez años después.

En el conjunto nacional fueron 60185 títulos, un 1 % más que el año anterior, de los que nueve de cada diez se editaron en español y la mayoría vieron la luz en las comunidades de Madrid (32,3 % del total), Cataluña (30,8 %) y Andalucía (10,5 %). La provincia de Almería acapara un tercio de los títulos que se editaron en la comunidad andaluza durante el año pasado y en torno al 3 % de la producción editorial en España. Provincias de mayor población y autoridad cultural, como las de Granada, Sevilla, Salamanca, Las Palmas, Valencia y las del País Vasco, por citar solo a algunas, se quedan muy lejos de Almería en el recuento de edición de libros en estos últimos años. Y lo mejor para la provincia es que no es ninguna novedad.

ALMERÍA HA PASADO DE PRODUCIR 235 LIBROS EN PAPEL EN 2008 A 1683 CASI DIEZ AÑOS DESPUÉS

Es una tendencia que se ha repetido en la última década con un salto cuantitativo después de la crisis editorial con la eclosión de la autoedición en el panorama literario de la provincia con empresas como la del Círculo Rojo que acumulan más de 10000 libros y son un referente nacional. Almería ha pasado de producir 372 libros en 2006 a 1683 en el último año. La estadística andaluza, simultánea a la del INE, desgrana el tipo de publicación y en 2017 enumera un total de 1840 libros en papel, 78 documentos audiovisuales, sonoros y electrónicos, 68 CDs y 10 folletos. Nada menos que 1940 títulos de los 9931 que se editaron en toda Andalucía. Y en 2016 contabilizan 1570 libros de los 5700 que vieron la luz en la comunidad autónoma andaluza. 

Gráfico con los datos nacionales de producción editorialGráfico con los datos nacionales de producción editorial

Gráfico con los datos nacionales de producción editorial

Cifras que sitúan a Almería al frente de la producción editorial andaluza y en las primeras posiciones del país. Según el censo del INE de los libros publicados en 2017, el tamaño más habitual está entre las 101 y 200 páginas (32,2 %) y el 94,5 % se corresponden con las primeras ediciones y el 5,5 % a las reediciones. El tema más editado fue literatura con un 40,3 % y un incremento del 13,8 %, seguido por las ciencias sociales (14,4 %) y Ciencias Aplicadas (11,1 %).

LA PROVINCIA ESTÁ AL FRENTE DE LA PRODUCCIÓN DE PATENTES EN ANDALUCÍA POR EL TIRÓN DE LOS SECTORES AGROALIMENTARIO Y BIOTECNOLÓGICO

En Andalucía creció durante el pasado año la producción de las publicaciones en un 13,8 % por el tirón principalmente de Almería, Sevilla y Granada que suponen más de la mitad de 5742 títulos. Quedan fuera de este cómputo anual, obtenido de los registros bibliográficos del catálogo automatizado de la Biblioteca Nacional de España, las publicaciones que tienen carácter periódico.

La provincia almeriense, por tanto, arrastra en plena crisis de la producción editorial niveles de edición de libros y publicaciones muy superiores a los que tendría por peso poblacional. Y Almería no sólo ha liderado la producción editorial en Andalucía, sino que además ha estado al frente de la creación de patentes, sobre todo por la pujanza de la investigación en los sectores agroalimentario y biotecnológico. Entre los años 2012 y 2015 fueron más de 350 patentes a través del registro de propiedad industrial tramitadas en su día por la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía (IDEA), cifras que solo superan Madrid, Barcelona y Valencia.

jueves, 10 de junio de 2021

EXTRANJERISMOS

 



"Los extranjerismos y latinismos crudos (no adaptados) deben escribirse en cursiva”, decretó hace poco la Real Academia Española (RAE) en torno a la vigésima tercera edición (2014) del Diccionario de la lengua española (antes conocido como DRAE, ahora llamado DLE), contraviniendo así una tendencia que ella misma propugnaba en versiones anteriores de la obra.

“En la nueva ortografía se da cuenta de las normas que deben seguirse cuando se emplean en textos españoles palabras o expresiones pertenecientes a otras lenguas, siendo la principal novedad en este sentido la equiparación en el tratamiento ortográfico de todos los préstamos [...], con independencia de que procedan de lenguas vivas extranjeras (extranjerismos) o se trate de voces o expresiones latinas (latinismos)”, reza el edicto, que no justifica en absoluto el porqué de tal rigor. (Hay revistas y periódicos en internet y hasta impresos que ya no usan para nada las cursivas, a veces se inclinan en su lugar por las negritas o por nada; se puede prescindir de las cursivas sin perder lectores, créanme, lo importante no es la decoración del discurso escrito sino su contenido y cómo se leería ante un público todo oídos o cómo atrapa a un lector el relato, el discurso mismo, las imágenes que provoca en su mente, etcétera, nadie se detiene mucho a contemplar lo que es la cursiva).

Pero la RAE añadió, como riéndose de sí misma: “Aunque hasta ahora se recomendaba escribirlas en redonda y con las tildes resultantes de aplicarles las reglas de acentuación del español, deben escribirse, de acuerdo con su carácter de expresiones foráneas, en cursiva (o [en su defecto] entre comillas [¿qué?, nomás con esto se va todo al traste]) y sin acentos gráficos, ya que estos no existen en la escritura latina”. ¿Y qué? Los acentos gráficos no existían en la escritura latina –y no olvidemos que el latín es, quod valde dolendum, una lengua muerta–, pero existen ya en la nuestra, que supuestamente es una de las hijas legítimas aún vivas del difunto o la difunta (ni siquiera recordamos con certeza su género), ¿pero por qué tendríamos que someter la ortografía de la escritura española a las costumbres gráficas o higiénicas de sus padres, la lengua latina y la griega, o de escrituras con menos alcurnia?

No hubo ni habrá mayor explicación, la academia no aludió siquiera en su proclama a un hecho capital: que en el habla no existe esa cosa que llama la cursiva. De acuerdo, la RAE habla de la escritura, pero ¿por qué nuestra escritura debe ceñirse a pautas gráficas rigidísimas cuando nuestra habla es más libre que una araña tejiendo su red? ¿Por qué, para qué, deben escribirse en cursiva ciertos vocablos at all et in saecula saeculorum? Al hablar no podemos hacer nada sino pronunciarlos, cada cual a su manera; nuestra lengua es un músculo fuerte y versátil pero, que no quepa duda, no puede pronunciar nada en cursiva. La RAE parece promover una suerte de descoyuntamiento entre la escritura y el habla. 

Omite también la RAE, al menos su ordenanza en comento, que las cursivas cumplen una primera y señera función: además de emplearse para consignar títulos de obras, sirven para recalcar, por hacer cualquier hincapié que venga al caso, palabras, sintagmas o locuciones, sean extranjeros o propios de nuestra lengua, como cuando hablamos de la expresión hacerse bolas o hacerse un lío, por ejemplo.

El ilustre académico Fernando Lázaro Carreter, en El dardo en la palabra (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 1998), su memorable recopilación de artículos sobre el uso del idioma, obra de consulta vitalicia, se mofa un poco de los modernos latinoparlantes y se muestra más o menos displicente ante algunos latinajos que empleamos, muchos de los cuales, dictamina, no nos llegaron directo del latín siquiera sino del inglés o a veces del francés, tan ávidos de latinismos “los bárbaros del Norte”, los llama, como nosotros “los hispanos”. Tomamos del inglés versus o vs., por ejemplo, en el sentido de ‘contra’, en lugar de en el sentido francés de vers, ‘hacia’ (en ningún caso versus nos es indispensable pues tenemos contra y hacia); el híbrido estatus (¿por qué no estato o estatu?), que del inglés status “ha saltado a nuestro idioma gentilmente ayudado por sus fans, los cuales, de paso, han apuñalado situaciónposiciónrango y categoría. Brava proeza”; lo mismo campus y, muy probablemente, alma mater, que el Oxford English dictionary registra por primera vez en inglés en 1398 (de su uso en español no hallé registro historiográfico, aunque no busqué demasiado, pero ni el Diccionario de autoridades ni el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Corominas consignan siquiera la expresión), añado, y que, recuerda don Fernando, dio origen a una desternillante alma pater (sic, en vez de un no menos conmovedor, por lo menos congruente, almo pater o –¿por qué no?– paterfamilias [de la locución latina pater familias], que el DLE acoge junto y en redondillas).

El decreto de la RAE no hace, pues, sino evidenciar cierta incoherencia ab aeterno. En el DLE, disponible en internet (consultado en octubre de 2019), esperpentos como adlátereex profeso (o exprofeso), per cápita (o percápita), in fraganti (o infraganti), sic, etcétera, aparecen en redondas y con tilde en su caso, como si de las locuciones españolas más usuales se tratara pero, en su caosper se (¿por qué no persé?), ad hoc (¿por qué no adhoc adoc?), motu proprioad libitum (¿por qué no adlíbito?), modus vivendi (¿por qué no modo de vivir?), y muchas otras locuciones usadas en castellano desde hace decenios o siglos, se recogen ahora en letra bastardilla, como si a nuevos “préstamos” se hubieran reducido de súbito por decreto. La frontera entre los latinismos crudos y los cocidos es demasiado tenue y violenta; como todas las fronteras, por lo visto.

En fin, esa fue la “principal novedad” del significativo decreto, que se puede resumir o parafrasear más o menos así: Aunque hasta ayer se recomendaba lo contrario, a partir de ahora debe, a toda costa, hacerse justo al revés. Aún no se sabe si solo trata de alcanzar su cola como un perrito juguetón ni hasta cuándo la RAE seguirá haciendo de las suyas para lograr que nuestra lengua y escritura convivan –con o sin cursivas, con o sin comillas– tan campantes. Y si nuestra tan extrañada madre nos “prestó”, in articulo mortis o post mortem, eso no lo sé, estas expresiones, ¿cuándo se las devolveremos o pagaremos? Quisiera saber. 


Extraído del blog Letras Libres.

miércoles, 26 de mayo de 2021

Haber/A ver

 


Aunque a ver y haber se pronuncian de la misma forma, deben distinguirse adecuadamente en la escritura.

a) a ver

Se trata de la secuencia constituida por la preposición a y el infinitivo verbal ver:

         Vete a ver qué nota te han puesto.
         Los llevaron a ver los monumentos de la ciudad.

Como expresión fija, presenta distintos valores y usos:     

• En tono interrogativo, se emplea para solicitar al interlocutor que nos deje ver o comprobar algo:

         —Mira lo que he comprado. —¿A ver?

• Expresa, en general, expectación o interés por saber algo, y va normalmente seguida de una interrogativa indirecta:

         A ver cuándo nos dan los resultados.

• Se utiliza para llamar la atención del interlocutor antes de preguntarle, pedirle u ordenarle algo:

         A ver, ¿has hecho lo que te dije?
         A ver, trae el cuaderno.

• Equivale a claro o naturalmente, como aceptación de algo que se considera inevitable:

         —Pero ¿al final os vais? —¡A ver! Si no lo hacemos, perdemos el dinero de la reserva.

• Delante de una oración introducida por la conjunción si, expresa, bien expectación, curiosidad o interés, a veces en forma de reto; bien temor o sospecha; bien deseo o mandato:

         ¡A ver si adivinas lo que estoy pensando!
         A ver si te caes.
         A ver si eres más organizado de ahora en adelante.

En muchos de estos casos la secuencia a ver puede reemplazarse por veamos, lo que pone de manifiesto su relación con el verbo ver y no con el verbo haber:

         A ver con quién aparece mañana en la fiesta [= Veamos con quién aparece mañana en la fiesta].
         A ver si te atreves a decírselo a la cara [= Veamos si te atreves a decírselo a la cara].

b) haber

Puede ser un verbo o un sustantivo:

• Como verbo, haber se usa como auxiliar, seguido de un participio, para formar los infinitivos compuestos de la conjugación:

         Haber venido antes.
         Tiene que haber sucedido algo.

         Sigo sin haber entendido lo que ha pasado.

También se emplea como infinitivo del verbo impersonal que denota la presencia o existencia de lo designado por el sustantivo que lo acompaña:

         Parece haber un chico esperándote en la puerta.
         Tiene que haber muchas cosas en el frigorífico.

• Como sustantivo, haber es masculino y significa, en general, ‘conjunto de bienes o caudales de una persona’:

         Su haber era más bien escaso.

lunes, 24 de mayo de 2021

EL ÉXITO DEL ESCRITOR QUE VENDIÓ MÁS DE UN MILLÓN DE EJEMPLARES POR AMAZON

 




John Locke tardó 11 días en teclear su última novela, Maybe. Como es habitual, no se sentó frente al ordenador de su despacho hasta que hubo completado en su cabeza un mapa con 10 "escenas pivote"; de esta manera suele esquivar el "bloqueo del escritor". Luego voló sobre el teclado, centrándose en lo relevante de la trama, confundiendo quizá el nombre de algún personaje y el orden de los capítulos, pues escribe de forma no lineal, y anotando "descripción, descripción" donde corresponde, dejando huecos en blanco que repensará en algún momento muerto, "en la ducha", por ejemplo.

Cuando hubo terminado el bruto, lo imprimió y lo leyó, tachando un 5 %, para eliminar la grasa sobrante y dotar a la novela de ese aroma a Locke, "con más punch, mitad cohete espacial, mitad montaña rusa", en sus palabras. Se la dio a leer a un par de personas de confianza; y con la ayuda de la editorial indie Telemachus Press dio con una portada sugerente, en línea con el toque pulp de las anteriores: piernas de mujer, esta vez con medias de encaje.

Pero el éxito de este autor no radica en que lo hiciera todo solo. Tuvo que contratar los servicios de corrección, maquetación y diseño de portada a una editorial, como acabamos de decir, ya que por sí solo, un autor no podría hacer todo el trabajo de editar un libro. Y además invirtió en publicidad más de 25000 dólares. Esta es una parte importantísima que los autores reniegan, porque creen que sus obras van a triunfar sin que nadie les conozcan, y no saben que la publicidad es un pilar importantísimo si quieres triunfar ante los millones de escritores que publican diariamente en el mundo.

LA FÓRMULA DE UN SUPERVENTAS

El escritor estadounidense John Locke.
El escritor estadounidense John Locke. TED WIRTH

JOHN LOCKE

Muchas personas creen que su vida es una novela que está pidiendo a gritos ser contada. Yo no era diferente. Siempre quise escribir, pero de joven dejé a un lado mis sueños de escritor y me centré en montar una empresa y crear una familia. Ya saben cómo es esto. Pasaron los años y las décadas. Todo resultaba muy gratificante, pero nunca conocí la alegría y la satisfacción que se siente al escribir un libro.

Así pues, a los 58 años, tomé algunas decisiones. Reduje mi negocio, eliminé el estrés y empecé a escribir las novelas que siempre había pensado escribir. No era literatura propiamente dicha, sino novelas divertidas, de lectura fácil, diálogos ágiles y acción sin fin. Quería que mis libros engancharan, impactaran e hicieran reír, que cada frase mantuviera al lector en vilo y le hiciera pasar un buen rato. Escribía pensando en gente angustiada que quiere quitarse problemas de la cabeza. Libros de vacaciones. Para leer en la playa, el aeropuerto o una estación.

Nunca quise publicar de forma tradicional. No creía que ningún editor le daría una oportunidad a un empresario sin experiencia literaria. Me puse a escribir libros en lugar de cartas de presentación. Sin cesar. Los autoeditaba y seguía escribiendo. Unos expertos me convencieron para invertir 25.000 dólares en promocionarlos de forma tradicional. No funcionó. Y decidí empezar a bloguear y a tuitear para darlos a conocer. Contacté con cientos de personas e hice amigos que corrieron la voz.

En enero de 2011 me llamó la mujer que formateaba mis libros para Kindle. "¿Sabe lo que se están vendiendo sus libros?", me preguntó. Estaba tan ocupado escribiendo, tuiteando y contestando e-mails, que no había tenido tiempo para comprobar los récords de ventas. ¡En diciembre de 2010 había vendido más de 15000 e-books! Muchos de mis lectores habían escrito comentarios positivos y recomendado mis libros. En junio, Amazon anunció que era el octavo autor de la historia en vender un millón de e-books, y el primer escritor autoeditado en hacerlo. Ninguna editorial, ni anuncio, ni artículo de prensa intervinieron. Sucedió por el boca a boca.

Creo que todos tenemos un motivo para hacer lo que hacemos. Nunca escribí para ganar dinero. Quería entretener a la gente. Mientras, cumplí el sueño de mi vida. Y, lo más importante, hice miles de amigos. Ahora, gracias a las traducciones al español, espero hacer muchos más.