domingo, 1 de abril de 2018

La coma criminal

La coma criminal es aquella que se ubica entre el sujeto y el verbo o entre el verbo y el objeto. Es una pausa que no debemos graficar, pues corta la secuencia natural de una oración.

Coma criminal entre el sujeto y el verbo
– Cuando no hay información entre comas (inciso):

– Cuando después del sujeto va información entre comas (inciso):
Coma criminal entre verbo y objeto
– Cuando no hay información entre comas (inciso):

– Cuando después del verbo va información entre comas (inciso):

– Cuando el sujeto es una oración que empieza con quien, el que, donde, adonde, como, cuando y cuanto:

Como toda regla, esta también tiene una excepción:
Según el Diccionario panhispánico de dudas, cuando el sujeto es una enumeración que se cierra con etcétera (o su abreviatura etc.) aparece necesariamente una coma delante del verbo de la oración:

Como señala la Ortografía de la lengua española, la coma criminal no puede ser confundida con los vocativos. Los vocativos se refieren al interlocutor y se emplean para llamarlo o dirigirse a él de forma explícita:

Como vemos, no es tan difícil erradicar este uso incorrecto de la coma. Recordemos que es un signo de puntuación sumamente importante para todos los redactores y, sobre todo, para los lectores. Así que evitemos caer en las redes de la coma criminal.

Extraído de la Fundéu.

lunes, 12 de marzo de 2018

Antonio Muñoz Molina sobre la corrección


«Por más atención que ponga en lo que hace, uno se equivoca. Uno escribe algo, un artículo, un cuento, toda una novela, y vuelve una y otra vez sobre lo que ha escrito, repasa, corrige, tacha, sustituye, pero está demasiado cerca de su propio trabajo, de modo que hay cosas evidentes que no ve, y por eso necesita el examen de otros ojos que no sean los suyos, a ser posible de alguien especializado, un editor o un corrector».

lunes, 12 de febrero de 2018

Uso correcto de la coma


Según define la Real Academia Española (RAE), coma es un "signo de puntuación (,) que indica normalmente la existencia de una pausa breve dentro de un enunciado".
Su presencia no siempre está motivada por la necesidad de realizar una pausa en la lectura y, aunque en algunos casos el uso de la coma viene determinado por el gusto o la intención del autor, existen comas consideradas obligatorias, es decir que su ausencia cambia radicalmente el significado del texto.
Por otro lado, el mal recurso de las comas también puede dar lugar a malos entendidos. Y es que, no es lo mismo decir "Los alumnos, que estaban nerviosos, entregaron el examen" que "Los alumnos que estaban nerviosos entregaron el examen". Ambos enunciados son correctos pero no se refieren a lo mismo. En la primera frase "que estaban nerviosos" es solo una explicación, un detalle que podríamos omitir sin cambiar el sentido de lo que queremos decir. El segundo ejemplo en cambio, es especificativo: indica qué grupo de alumnos entregó el examen. No fueron todos, sino solo los que estaban nerviosos.
Para conocer la forma correcta de utilizar las comas en cualquier situación, puedes visitar el apartado que la RAE dedica al asunto. Pero, si tienes poco tiempo y quieres un repaso rápido, aquí te dejamos algunas pautas clave.

Comas que no están

  • Los sustantivos que sirven para referirse a una persona se colocan siempre entre comas. "Buenas tardes, Mario" o "Amigo, no te olvides de traer las llaves" son algunos ejemplos.
  • Cuando una frase contiene un verbo omitido también hay que poner signos de puntuación. "Pedro tiene veinticuatro años; Carlos, dieciséis" prescindir de la coma después del sustantivo "Carlos" no sería correcto.

Comas que saturan los textos

  • A no ser que vayamos a incluir una explicación, nunca pondremos coma detrás del sujeto; ni siquiera cuando leyendo en alto el texto hacemos una pausa natural. Un ejemplo correcto sería "La novia de mi hermano Pedro ha decidido comprar un coche nuevo"
  • No pondremos coma después del "pero" que precede a una interrogativa o exclamativa. Bajo esa premisa, "Pero, ¡qué dices¡" no sería correcto.
  • Por último, mencionar que aunque muchos piensan que no debe ponerse coma antes ni después de las conjunciones, hay casos en los que no solo es admisible hacerlo, sino también obligatorio. Son los casos en los que el último de los elementos de una enumeración no es equivalente semánticamente al resto ("Antes de salir de fiesta Irene se maquilló, se pintó los ojos, los labios, y quedó guapísima" o cuando la conjunción "y" tiene valor adversativo.
Como para todo en la vida, la mejor manera de aprender y de evitar cometer errores, es dedicar tiempo a consultar las dudas que tengamos, poniendo interés en interiorizar las explicaciones.

miércoles, 31 de enero de 2018

Autores que triunfaron con solo una novela

Margaret-Mitchell
Mientras algunos grandes nombres de la literatura exhiben una vasta obra, a estos cinco escritores les bastó con un solo libro para convertirse en referencia obligada.

Nº 1. J.D, Salinger. El guardián entre el centeno
 Se dio a conocer con esta, su primera y única novela. Publicada en 1951, se convirtió en un libro de referencia. Desde entonces, Salinger se retiró de la vida pública.Después de la novela, publicó tres libros de relatos y se tiene constancia de que su último texto publicado fue el relato Hapworth 16, 1924, que apareció en 1965 en la revista New Yorker. Dos años después de su muerte en 2010, el novelista reapareció, de golpe: la biografía The Private War of J.D. Salinger, publicada en España por Seix Barral y la promesa de cinco textos inéditos le relanzaron.

Nº 2. Emily Bronte. Cumbres borrascosas
 Publicada en 1847 con el pseudónimo de Ellis Bell, la novela de Bronte se considera actualmente como un clásico de la literatura. En el comienzo obtuvo duras reacciones de los lectores y los críticos, que vieron en sus páginas una historia deprimente. El tiempo, sin embargo, hizo justicia.

Nº 3. Harper Lee. Matar a un ruiseñor
Basada en las vivencias de su infancia, la novela fue publicada en 1960. Apenas dos años más tarde, ya había sido llevada al cine. To Kill a Mockingbird ganó un Premio Pulitzer, ha sido traducido a más de 40 idiomas, y vendido más de 30 millones de copias en todo el mundo. Aunque Lee escribió algunos ensayos cortos, nunca trató de publicar otra novela.

Nº 4. Margaret Mitchell. Lo que el viento se llevó
Publicada en 1936, esta novela ambientada en la guerra civil de Estados Unidos es uno de los libros más vendidos de todos los tiempos. Ganó el Premio Pulitzer de ficción en 1937 y fue adaptado al cine en 1939. El primer año vendió 176.000 copias. A finales de 1938, más de un millón de copias. Casi 80 años después de su publicación, el libro se vende ahora en datos estimados de 75.000 ejemplares cada año.

Nº 5. John Kennedy Toole. La conjura de los necios 
Su incapacidad para que una editorial aceptara su manuscrito lo sumió en una profunda depresión que él decidió resolver suicidándose con monóxido de carbono. Años después de su muerte, en 1980, gracias a la insistencia de su madre, el manuscrito vio finalmente la luz. Y La conjura de los necios no solo obtuvo el Premio Pulitzer en 1981, sino que las peripecias de su estrafalario protagonista Ignatius J. Reilly se convirtieron en la referencia de una novela de culto. Se publicó luego un libro incompleto: La biblia de neón. Sin embargo, como novela en toda regla, fue la única que publicó. Y ni siquiera pudo vivir para verlo.

viernes, 26 de enero de 2018

Porcentaje en la lectura de libros 2017


Según el Barómetro de hábitos de lectura del Gremio de Editores, el número de lectores crece, aunque estamos aún por debajo de la media europea.




Panorama en la lectura en España del pasado año 2017






Cuatro de cada diez españoles,  no lee nunca o casi nunca. Las principales razones son la falta de tiempo (47, 7 %), o el nulo interés por la lectura (35 %).






El número de lectores en España de más de 15 años sube hasta el  65,8 %, casi un 3 % más que en el 2012. Sin embargo, se mantiene por debajo de la media europea: 70 %.





Casi un 40 % de los españoles solo lee libros en papel. La lectura de libros digitales es una práctica del 27, 2 % de la población. La subida con respecto al 2012 ha sido del 15, 5 %.





El 80 % de los niños entre los 10 y 14 años son lectores habituales, siendo el grupo de población más lector.




Las mujeres leen más que los hombres de media. La diferencia porcentual entre sexos es de diez puntos, 64,9 % frente al 54,4 %. Entre los 45 y 54 años, la diferencia es mayor: 73,1 % frente al 51,8 %.





Entre comunidades autónomas también hay grandes diferencias. En Madrid, el 70 % de la población lee con frecuencia, mientras que en Extremadura, apenas la mitad (52, 6 %).



Fuente extraída del ABC del 19 de enero de 2018. Suplemento de Cultura.

martes, 16 de enero de 2018

Disparates que decimos habitualmente

Nos pasamos el día hablando, y es comprensible que en nuestra desatada verborrea de vez en cuando se cuelen deslices. Otra cosa es ir por ahí dándole constantes patadas al diccionario, empleando con orgullo académico expresiones y palabras que en realidad constituyen una aberración. Hemos seleccionado algunos de los más habituales: 

Encima mío (o detrás tuyo)

Hay gente muy posesiva, qué le vamos a hacer. Sufren el complejo de ET: tienen su teléfono, su casa y su encima, como si el vacío que se cierne sobre su cabeza les perteneciera. También son generosos, y opinan que lo que tienes detrás es tuyo. Por desgracia, no es así. “Se recomienda evitar el uso de tuyo o mío con adverbios que no admitan tu o su delante”. “Así, como no se puede decir tu detrás o mi encima, tampoco se considera válido decir detrás tuyo encima mío (y mucho menos detrás tuya y encima mía). Hay que decir detrás de ti y encima de mí. En cambio, son válidos al lado tuyo o en contra tuya porque se puede decir a tu lado o en tu contra”

Contra más

Contra más lo escuchamos, más nos subimos por las paredes. Pongamos un ejemplo: Contra más practico, mejor me sale. Estamos haciendo referencia al hecho de practicar mucho —cuantificando esa práctica—, así que lo lógico (y correcto) sería utilizar cuanto más. “Se justifica porque hay un sentido de oposición, pero no es un contexto en el que quepa la preposición contra. Tampoco se aceptan variantes como cuantimás, contrimás, contimás… Sí se acepta el uso de mientras (en el habla coloquial) y el de entre, típico de zonas como México y Centroamérica”, arguye el filólogo. El contra más también está muy extendido en el área de Mujeres, Hombres y Viceversa.

Bizarro

Esta es muy buena, porque quien lo usa quiere dárselas de cool y está quedando como todo lo contrario… por lo menos a día de hoy. Bizarre en inglés significa “raro”, pero si usas bizarro para describir ese cacofónico grupo de rock que has oído en Radio 3 estarás diciendo que es “valiente”, que es lo que significa en español (lo cierto es que osadía no les falta a algunos). Aun así, parece que el pulso entre modernos y la RAE ya tiene ganador. Lo explica Romeu: “En su origen, bizarro en italiano significaba ‘iracundo’, lo que pasó a ‘raro’ o ‘fantástico’ en italiano, pero a ‘valiente’ en español. El significado de ‘raro’ del italiano llegó al francés y al inglés, y hace no mucho al español, donde los pocos que conocían el término como ‘valiente’ dieron la voz de alarma. La RAE empezó censurando el uso de bizarro como ‘raro’, pero parece que, por la extensión del uso, ya lo va a admitir”.

Hay a veces que…

Propio de quienes piensan que enrevesar el lenguaje les hace más cultos. Hay veces que me despierto sobresaltado o A veces me despierto sobresaltado, pero las dos cosas juntas, no, por favor. “No es correcto porque haber necesita un nombre como complemento (hay leche). Decir Hay a veces que me da por reír sería como decir Hay de vez en cuando que me da por reír, lo cual tiene bastante poco sentido”. 

Ambos dos

Nuevo ejemplo de lenguaje pretenciosamente rococó que deja a la altura del betún a quien lo usa. Como explica la RAE, ambos significa ni más ni menos que “los dos, uno y otro”. Si queremos decir que dos personas se fueron de viaje, con decir ambos ya estaremos dejando claro que los dos hicieron las maletas. “Aunque algunas redundancias se pueden aceptar porque aportan algo, en un caso como ambos dos no parece que ambos aporte hoy nada que no tenga ya dos, por lo que es preferible o decir ambos o decir los dos”.

Cuanto menos

“En casos como La situación es, cuanto menos, complicada se debe usar cuando menos porque lo que se quiere expresar es ‘en la situación o en el momento en el que menos’, no ‘cuantas menos veces’. De igual manera que usaríamos cuando más y no cuanto más en Dice muchas tonterías y, cuando más (las dice), con dos copas de vino, no debemos usar cuanto menos en casos como el anterior”. 

A nivel de

Se escucha hasta en el lenguaje periodístico: “A nivel de vestuario, los jugadores están con el míster”. Solo se puede usar cuando hablamos, de hecho, de niveles. Como explica Romeu, “no se debe abusar de a nivel de cuando no hay niveles o grados de una escala, sino simplemente diferentes áreas. Así, se puede hablar de a nivel de equipo, frente a nivel individual, pero tiene menos sentido hablar de a nivel de vestuario, sobre todo cuando simplemente se quiere decir en lo que respecta a o en lo que atañe a”.

Preveer

Nuestros sufridos oídos lo han escuchado hasta en forma de doloroso gerundio: preveyendo. Pocas cosas requieren una explicación más sencilla: prever significa “ver con anticipación”, y se conjuga exactamente igual que ver. Y todo porque tendemos a confundirlo con proveer. El experto nos ilustra acerca del origen de este disparate. “Aunque los dos verbos vienen de vidēre y podrían haber terminado en -veer, en prever (igual que en ver) se dio un paso más en la evolución y se simplificó la doble e. En cambio, proveer se quedó con la doble e. Por eso, prever se debe conjugar como ver (prevípreviópreviendo…) y proveer como leer (proveí, proveyó, proveyendo…). 

La líbido

Si la sueltas así acentuada en los prolegómenos de una escaramuza sexual, tu amante pensará que, más que estar excitado, te ha dado un pasmo. Porque lívido (esdrújula y con uve) significa “intensamente pálido” o también “amoratado”. “El adjetivo lívido ha hecho que se pronuncie libido (‘deseo sexual’) también como esdrújula (líbido), aunque en verdad es llana”. De una vez por todas: libido es tan llana como gemido o lamido. “La razón de que se pronuncien distintas se debe a que en latín la segunda i de livĭdus (de donde viene lívido) era breve, mientras que la de libīdo era larga”.

Totalmente gratuito

Si es gratuito, no lo es a medias. “El español está lleno de supuestas redundancias que a veces pueden servir para dar énfasis o para precisar. Pasa con totalmente gratuito, que puede servir para aclarar que algo es gratis de verdad y no en apariencia, y en casos como lleno absoluto, otra alternativa, volver a repetir, concierto de música, arder en llamas… En español nos encanta dejar claro lo que queremos decir. De hecho, hay redundancias exigidas por la sintaxis, como la concordancia (Los hombres jóvenes vinieron), la duplicación de pronombres (a mí me gusta), la doble negación (no he ido nunca) o los casos de subir arriba, entrar dentro…”.

Surgió efecto

Estos engendros se conocen como malapropismos, y son muy comunes. “Se producen cuando una determinada expresión contiene una palabra que nos resulta menos familiar que otra a la que se parece (se dice que son parónimas). Así, como surtir es más rara que surgir, hay quien dice surgir efecto”. Esta expresión comparte desfachatez con estar en el candelabro o rebanarse los sesos. “Uno de estos casos, que es el uso de virulento (relacionado con los virus) por violento, está muy extendido. Se ha preferido la palabra rara, seguramente por expresividad”, añade Romeu.

En base a

Aquí base se utiliza con el significado de fundamento, término que no casa nada bien con la preposición a. “Lo normal es con base en”, opina el filólogo. “Por eso, dependiendo del contexto, se recomienda usar con base en o basándonos en o a juzgar por, sobre la base de, de acuerdo con...”. Su mejor sonoridad se impone en el uso cotidiano a su falta de sentido, y en eso el experto la compara a otras que tampoco lo tienen, como a medida que o al fin y al cabo.

Asuntos a tratar

Esta construcción y otras similares llevan ya un tiempo infiltradas en el español y están cada vez más asentadas. “Hay un uso de a raro (aquí por calco del francés) y se debe evitar, pero el problema es que la construcción es cómoda. La RAE recomienda evitar expresiones como temas a tratar, ejemplo a seguir. Mejor asuntos para tratar o, sencillamente, los asuntos que hay que tratar. "Pero va a ser difícil que se dejen de usar”, lamenta el experto. Y pone otros ejemplos: “Construcciones como camisa a rayas o falda a cuadros se consideran ahora tan válidas como camisa de rayas o falda de cuadros. Así que Hombres G cantaba bien cuando decía "voy a comprarme un jersey a rayas". Antes se desechaban por ser calcos del francés, pero hoy se van aceptando los distintos sentidos que la preposición a gana en español, lo que hace pensar que las construcciones del tipo de asuntos a tratar también se aceptarán”.

Y demás

Antaño decíamos etcétera, hasta que llegó Jesús Gil y, de un manotazo, implantó el y tal. Ahora ambas opciones han caído en desuso en favor de una expresión en boga entre los más jóvenes. Prácticamente todas sus frases terminan con y demás, incluso cuando no haya nada más que contar: He tenido que bajar al perro y demás, Fui a hacer unas fotocopias y demás… Como si quisieran enfatizar lo atareados que están. “Las muletillas son un clásico del español”, dice Romeu. “Ahora se usa en plan, ¿sabes? y, por lo que se ve, también y demás. Aportan poco, pero son necesarias en la comunicación oral. Las que insinúan que hay más de lo que se ha dicho aunque no lo haya son muy útiles para rellenar y hacernos los interesantes. Hay otras frecuentes como y eso o y esas cosas. Por supuesto, en el lenguaje cuidado es mejor evitar todo lo superfluo o poco informativo”.

Venir a ver esto

Recientemente, se ha hecho viral la imagen de un cartel en un baño en el que pone: Dejar limpio el inodoro. Como advierte Romeu, “en indicaciones generales, como carteles que no van dirigidos a nadie en particular, se admite el infinitivo. Es como si pusiera: Hay que dejar limpio el inodoro”. Otra cosa es decir a los compañeros de trabajo Venir a ver esto. “Es incorrecto porque estamos usando un infinitivo cuando es un contexto en el que hay que usar el imperativo”. Para no espantar a nadie, es mejor emplear Venid a ver esto.

No lo caigas

No es tan habitual, pero lo hemos escuchado: le damos un vaso a un niño para que lo lleve al comedor y le decimos: Ten cuidado, no lo caigas. Si lo que nos preocupa es que se caiga el vaso, lo recomendable sería Ten cuidado, no dejes que se caiga. El niño podría caerse él o tirar el vaso, pero en ningún caso caerlo. “Son usos muy bonitos, llamados causativos, de determinados verbos. No se pueden considerar incorrectos, porque los usos causativos han variado a lo largo del tiempo, pero se recomienda evitarlos en el español general, ya que puede haber mucha gente que no los entienda. ¡Pero son preciosos!”, ironiza el experto.

Lo primero, decir que…

Romeu reconoce que es una de las cosas que más le molestan del habla actual. “Es el uso independiente del infinitivo. Lo correcto es incluir un elemento que introduzca ese infinitivo: Me gustaría decir que…, Hay que decir que…, Sería conveniente decir que… Es una forma de mostrar esmero a la hora de usar la lengua”.

lunes, 8 de enero de 2018

Proceso de corrección de los autores

"He invertido toda la mañana en corregir un texto del que, finalmente, solo he suprimido una coma. Por la tarde la restablecí".

Oscar Wilde