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jueves, 10 de junio de 2021

EXTRANJERISMOS

 



"Los extranjerismos y latinismos crudos (no adaptados) deben escribirse en cursiva”, decretó hace poco la Real Academia Española (RAE) en torno a la vigésima tercera edición (2014) del Diccionario de la lengua española (antes conocido como DRAE, ahora llamado DLE), contraviniendo así una tendencia que ella misma propugnaba en versiones anteriores de la obra.

“En la nueva ortografía se da cuenta de las normas que deben seguirse cuando se emplean en textos españoles palabras o expresiones pertenecientes a otras lenguas, siendo la principal novedad en este sentido la equiparación en el tratamiento ortográfico de todos los préstamos [...], con independencia de que procedan de lenguas vivas extranjeras (extranjerismos) o se trate de voces o expresiones latinas (latinismos)”, reza el edicto, que no justifica en absoluto el porqué de tal rigor. (Hay revistas y periódicos en internet y hasta impresos que ya no usan para nada las cursivas, a veces se inclinan en su lugar por las negritas o por nada; se puede prescindir de las cursivas sin perder lectores, créanme, lo importante no es la decoración del discurso escrito sino su contenido y cómo se leería ante un público todo oídos o cómo atrapa a un lector el relato, el discurso mismo, las imágenes que provoca en su mente, etcétera, nadie se detiene mucho a contemplar lo que es la cursiva).

Pero la RAE añadió, como riéndose de sí misma: “Aunque hasta ahora se recomendaba escribirlas en redonda y con las tildes resultantes de aplicarles las reglas de acentuación del español, deben escribirse, de acuerdo con su carácter de expresiones foráneas, en cursiva (o [en su defecto] entre comillas [¿qué?, nomás con esto se va todo al traste]) y sin acentos gráficos, ya que estos no existen en la escritura latina”. ¿Y qué? Los acentos gráficos no existían en la escritura latina –y no olvidemos que el latín es, quod valde dolendum, una lengua muerta–, pero existen ya en la nuestra, que supuestamente es una de las hijas legítimas aún vivas del difunto o la difunta (ni siquiera recordamos con certeza su género), ¿pero por qué tendríamos que someter la ortografía de la escritura española a las costumbres gráficas o higiénicas de sus padres, la lengua latina y la griega, o de escrituras con menos alcurnia?

No hubo ni habrá mayor explicación, la academia no aludió siquiera en su proclama a un hecho capital: que en el habla no existe esa cosa que llama la cursiva. De acuerdo, la RAE habla de la escritura, pero ¿por qué nuestra escritura debe ceñirse a pautas gráficas rigidísimas cuando nuestra habla es más libre que una araña tejiendo su red? ¿Por qué, para qué, deben escribirse en cursiva ciertos vocablos at all et in saecula saeculorum? Al hablar no podemos hacer nada sino pronunciarlos, cada cual a su manera; nuestra lengua es un músculo fuerte y versátil pero, que no quepa duda, no puede pronunciar nada en cursiva. La RAE parece promover una suerte de descoyuntamiento entre la escritura y el habla. 

Omite también la RAE, al menos su ordenanza en comento, que las cursivas cumplen una primera y señera función: además de emplearse para consignar títulos de obras, sirven para recalcar, por hacer cualquier hincapié que venga al caso, palabras, sintagmas o locuciones, sean extranjeros o propios de nuestra lengua, como cuando hablamos de la expresión hacerse bolas o hacerse un lío, por ejemplo.

El ilustre académico Fernando Lázaro Carreter, en El dardo en la palabra (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 1998), su memorable recopilación de artículos sobre el uso del idioma, obra de consulta vitalicia, se mofa un poco de los modernos latinoparlantes y se muestra más o menos displicente ante algunos latinajos que empleamos, muchos de los cuales, dictamina, no nos llegaron directo del latín siquiera sino del inglés o a veces del francés, tan ávidos de latinismos “los bárbaros del Norte”, los llama, como nosotros “los hispanos”. Tomamos del inglés versus o vs., por ejemplo, en el sentido de ‘contra’, en lugar de en el sentido francés de vers, ‘hacia’ (en ningún caso versus nos es indispensable pues tenemos contra y hacia); el híbrido estatus (¿por qué no estato o estatu?), que del inglés status “ha saltado a nuestro idioma gentilmente ayudado por sus fans, los cuales, de paso, han apuñalado situaciónposiciónrango y categoría. Brava proeza”; lo mismo campus y, muy probablemente, alma mater, que el Oxford English dictionary registra por primera vez en inglés en 1398 (de su uso en español no hallé registro historiográfico, aunque no busqué demasiado, pero ni el Diccionario de autoridades ni el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Corominas consignan siquiera la expresión), añado, y que, recuerda don Fernando, dio origen a una desternillante alma pater (sic, en vez de un no menos conmovedor, por lo menos congruente, almo pater o –¿por qué no?– paterfamilias [de la locución latina pater familias], que el DLE acoge junto y en redondillas).

El decreto de la RAE no hace, pues, sino evidenciar cierta incoherencia ab aeterno. En el DLE, disponible en internet (consultado en octubre de 2019), esperpentos como adlátereex profeso (o exprofeso), per cápita (o percápita), in fraganti (o infraganti), sic, etcétera, aparecen en redondas y con tilde en su caso, como si de las locuciones españolas más usuales se tratara pero, en su caosper se (¿por qué no persé?), ad hoc (¿por qué no adhoc adoc?), motu proprioad libitum (¿por qué no adlíbito?), modus vivendi (¿por qué no modo de vivir?), y muchas otras locuciones usadas en castellano desde hace decenios o siglos, se recogen ahora en letra bastardilla, como si a nuevos “préstamos” se hubieran reducido de súbito por decreto. La frontera entre los latinismos crudos y los cocidos es demasiado tenue y violenta; como todas las fronteras, por lo visto.

En fin, esa fue la “principal novedad” del significativo decreto, que se puede resumir o parafrasear más o menos así: Aunque hasta ayer se recomendaba lo contrario, a partir de ahora debe, a toda costa, hacerse justo al revés. Aún no se sabe si solo trata de alcanzar su cola como un perrito juguetón ni hasta cuándo la RAE seguirá haciendo de las suyas para lograr que nuestra lengua y escritura convivan –con o sin cursivas, con o sin comillas– tan campantes. Y si nuestra tan extrañada madre nos “prestó”, in articulo mortis o post mortem, eso no lo sé, estas expresiones, ¿cuándo se las devolveremos o pagaremos? Quisiera saber. 


Extraído del blog Letras Libres.

viernes, 2 de abril de 2021

REDUNDANCIAS QUE SE PUEDEN EVITAR

 


El español es un idioma muy redundante. Todas las lenguas lo son, en menor o mayor medida; sin embargo, no todas las redundancias son incorrectas.

La redundancia es el uso innecesario de una o más palabras que se añaden a una oración con la idea de hacerla más clara, pero no aporta expresividad ni añade nada nuevo al significado de la frase. En resumen: se repite de forma distinta lo ya dicho. La redundancia no cumple ninguna función; por eso su uso no está justificado. Son censurables y deben evitarse. Ejemplos:

El Mundo, 19 de octubre de 2012
Años de edad. Una de las acepciones de año es ‘edad, tiempo vivido’.
Persona humana. Una persona es un individuo de la especie humana’.
Prever con antelación. Prever es ‘ver con anticipación’.
Mendrugo de pan. Un mendrugo es un pedazo de pan duro o desechado’.
Volver a insistir: Insistir significa ‘repetir o hacer hincapié en algo’.
Losa de piedra. Una losa es una ‘piedra llana’.
Añadir/agregar despuésNo se puede añadir/agregar antes.
Progresar positivamente. Progresar implica positividad; significa ‘avanzar, mejorar, hacer adelantos en determinada materia’.
Pequeña casita. El sufijo –ita tiene valor diminutivo. 
Nexo de unión. Nexo equivale a unión, lazo, nudo.


Magazine (El Mundo), 28 de octubre de 2012



Un pleonasmo también es la repetición de términos innecesarios, pero se considera correcto porque se usa como recurso expresivo con la intención de dar más fuerza, viveza o espontaneidad a la expresión. José Martínez de Sousa nos ofrece estos ejemplos de pleonasmos admisibles:

Subir arribabajar abajosalir fuera (o afuera), entrar dentro (o adentro), volar por los aires, caer escaleras abajo, subir hacia el cielo, verlo con los propios ojos, a nosotros nos gustaría, nunca jamás. Ya sabemos que el acto de subir, por propia definición, solo puede ser hacia arriba, como bajar es para abajo, entrar es dentro (entrar fuera sería un disparate), se ve con los propios ojos (no con los de un amigo que nos los ha prestado), nos gustaría nunca jamás, según el caso. Sin embargo, en todos esos ejemplos la redundancia, más o menos transparente, es necesaria para que el lenguaje no pierda fuerza y vigor.


Magazine (El Mundo), 14 de octubre de 2012


En muchos casos, la expresión ejemplo a seguir es evitable, ya que a seguir no aporta nada nuevo, pues un ejemplo se propone para que se imite y siga. Cuando queremos decir que el ejemplo se debe evitar, podemos decir mal o pésimo ejemplo.



Ciertos autores consideran correctas algunas redundancias que otros condenan. Esto se debe a que la frontera entre pleonasmo y redundancia a veces es difusa. De hecho, algunos estudiosos del lenguaje, como el sabio maestro Martínez de Sousa, no establecen diferencias entre redundancia y pleonasmo.



Extraído del blog Con propósito en enmienda

jueves, 25 de marzo de 2021

Pizza y pizzería (cursiva y redonda)

 


¿Qué significa la palabra «pizza»? Esta palabra, según la RAE, significa «especie de torta de harina amasada, encima de la cual se pone queso, tomate frito y otros ingredientes, y que se cuece en el horno». La palabra es un sustantivo común de género femenino. 

Este término es un italianismo y se considera un extranjerismo crudo, por lo que debe pronunciarse y escribirse ortográficamente tal y como procede de la lengua italiana. Se escribe en castellano, pues,  en cursiva o, manualmente, entre comillas. Su pronunciación es [píttsa], según la RAE; según la Fundéu, se debe pronunciar [pítsa], o más relajadamente [pídsa]. 


Se escribe en redonda, es  decir, como cualquier palabra española o hispanizada, los derivados pizzería (establecimiento comercial o restaurante donde se elaboran o se venden pizzas y otras comidas italianas) pizzero (persona que tiene por oficio vender o hacer pizzas). 

¿Por qué no se escriben en cursiva o entre comillas? Porque la raíz se une a dos derivados españoles y ya no se considera un extranjerismo crudo. 

Os aclaramos el por qué pizza debe ir en cursiva, pero en redonda las palabras pizzería o pizzero.

domingo, 21 de marzo de 2021

Signos de interrogación y exclamación

 


Anteriormente, los signos de interrogación y exclamación eran simples (hasta antes de 1754), o sea, que solo existía el que cerraba, pero en la actualidad, son signos son dobles (característica propia solo del idioma español), o sea, que hay uno que abre y otro que cierra. Ejemplos: ¿Por qué no me llamaste ayer? ¿Cómo hiciste para solucionar el problema? ¡Qué locura esta situación! ¡Cómo se alegró cuando nos vio!

Estos signos van unidos a la palabra a la que acompañan, o sea, que no se deja espacio de separación entre ellos y el enunciado (ni antes ni después). Si luego de ellos va otro signo, tampoco se deja espacio entre este y el signo de cierre de la interrogación o de la exclamación. Ejemplos: Esperemos a ver… ¡Qué ansiedad tenemos!, ¿dónde estará para abrazarlo?, el tiempo se nos hace eterno.  

Los signos de interrogación siempre se ponen en las oraciones interrogativas directas. Ejemplos: ¿Está Pedro contigo? ¿Cuál es la dirección de tu casa? ¿Por qué no estudias más? ¿Dónde estuviste anoche? ¿Vino a verte Samuel? ¿Quieres ir a cine conmigo esta tarde? ¿Todavía no lo has hecho la tarea? ¿Para cuándo me tendrás listo el vestido? ¿Me escuchaste?

Los signos de exclamación se utilizan para encerrar las oraciones admirativas, las cuales pueden ser: interjecciones (¡Oh! ¡Ah! ¡Ay! ¡Ey! ¡Huy! ¡Hum! ¡Uff! ¡Yuuujuu!...); locuciones o expresiones interjectivas (¡Vaya, vaya! ¡Ni modo! ¡Ojalá que sí! ¡Caramba con ustedes! ¡No más!onomatopeyas (¡Achís!, ¡Cronch! ¡Ja, ja, ja! ¡Boom! ¡Muac!, ¡Glup! ¡Zzz!...); vocativos (¡Señores! ¡Niñas! ¡Ustedes! ¡Oigan!); o grupos sintácticos y oraciones, en las que aparezca o no un elemento introductorio exclamativo (¡Ojalá que todo salga bien! ¡Quién tuviera 20 años menos! ¡Qué alegría me dio verlo! ¡Qué carro más bonito! ¡Estupendo el viaje! ¡Fue impresionante! ¡Qué escándalo! ¡Con lo educado que parecía!...).


 

Uso de los signos de interrogación y exclamación

1. En los vocativos (llamados o nombramientos que se le hacen a alguien, bien para que desempeñe una función o bien para decirle algo), pero cuando con ellos se da inicio a la pregunta o la exclamación y en donde se debe poner una coma entre el nombramiento y el enunciado.

Ejemplos

  • Sara, ¡qué linda está!
  • Juan, ¿me podrías ayudar, por favor?
  • Pedro, ¡cuánto me gustas!
  • Manuela, ¿por qué no has comido?
  • Amor, ¡cómo te extraño!
  • Señor, ¿podría remplazarme hoy?
  • Ustedes, ¡cállense!
  • Señoras, ¿podrían reírse más decentemente?

 

Pero, si los vocativos van al final de la pregunta o la exclamación, se incluyen dentro de estas.

Ejemplos

  • ¡Cómo me caes de bien, Manuel!
  • ¿Podrías hacer el aseo hoy por mí, Mateo?
  • ¡Cuánto te quiero, Andrés!
  • ¿Ya sabes qué traje vas a usar para la fiesta, Daniel?
  • ¡Le pregunté a usted, Juliana!
  • ¿Te queda fácil llamarme esta noche, por favor, Camilo?
  • ¡Escúcheme, doctor!
  • ¿Por qué no te callas, Lucas?

 

2. En aquellas oraciones afirmativas, en las que van antes de los adjuntos aseverativos.

Ejemplos

  • Te vas de viaje, ¿cierto?
  • Mañana es el examen, ¿verdad?
  • Eres ingeniero, ¿no?
  • No es lo mejor, ¿eh?
  • Hoy es tu aniversario de matrimonio, ¿me equivoco?
  • El viernes en la tarde iré a visitarte, ¿estarás?
  • Te dejé la comida hecha, ¿ya comiste?
  • Ya trabajaste mucho por el día de hoy, ¿puedes parar?

 

3. En aquellas oraciones que empiezan con una introducción del tipo en cuanto a, con respecto a, en relación con, con referencia a. Pero también, con otras expresiones similares.

Ejemplos

  • En cuanto a tu salud, ¿cómo seguiste?
  • En relación con tu matrimonio, ¡qué pereza un divorcio!
  • Con respecto al libro que estabas escribiendo, ¿le diste un final feliz?
  • A pesar de todo, ¿cuánto lo extraño!
  • En relación con el problema, ¿lo pudiste solucionar?
  • Con referencia a lo que me contaste, ¿hay alguna novedad?
  • De acuerdo con lo que me pediste, ¡cómo me gustaría ayudarte!
  • Y hablando de Juan, ¿pudiste hablar con él?
  • En cuanto al viaje del que habíamos hablado, ¡cuánto deseo que lo hagamos!
  • Tus papás, ¿están bien de salud?

 

4. En los adverbios, locuciones adverbiales y otros elementos que afectan toda la oración y que muestran la actitud con la que el emisor se quiere manifestar o la que le solicita al receptor, como sinceramente, simplemente, prácticamente, francamente, con la mano en el corazón, de todo corazón, brevemente, fácilmente, honradamente, entre otras.

Ejemplos

  • Sinceramente, ¿estás de acuerdo con lo que dije?
  • Definitivamente, ¡qué maravilla este curso!
  • Simplemente, ¿podrías resumir tanta palabrería?
  • Fácilmente, ¡tú lo hubieras podido hacer mejor!
  • Prácticamente, ¿usted fue el que hizo el daño?
  • Francamente, ¡cuánto dañó te causó!
  • De todo corazón, ¿crees que estás obrando bien?
  • Brevemente, ¡cómo se te ocurrió hacer eso!
  • Fácilmente, ¿podrías acompañarme a comprarlo?
  • Con la mano en el corazón, ¡qué felicidad siento por ti!
  • Honradamente, ¿piensas que estuvo bien copiarle su idea?

 

5. En aquellas oraciones dependientes, las cuales pueden ser condicionales (que presentan una condición) y concesivas (en las que se concede o puede concederse), o en las causales (las que presentan una causa) y finales externas (las que expresan finalidad o propósito), cuando van al principio de un enunciado.

Ejemplos

  • Si me pagan hoy, ¿será que saldremos a comer?
  • Debido a que está lloviendo, ¡qué pesar hacerlo salir!
  • Aunque te veo muy cansada, ¿puedo contar con tu presencia?
  • Si todo sale bien, ¡qué emoción me daría!
  • Debido a que somos muchos, ¿no será mejor dividirnos en varios carros?
  • Puesto que eras de las mejores, ¡cómo no ganaste el concurso!
  • Si te queda fácil, ¿podrías llamarme un taxi?
  • Para que lo sepas, ¡no pienso ir a la fiesta!
  • Aunque esté haciendo mucho calor, ¿crees que sea necesario llevar un suéter?
  • Puesto que no todos se han acostado, ¿están de acuerdo si dejamos algunas luces encendidas?
  • Aunque te sentías insegura con el tema, ¡estuviste excelente en la presentación!
  • Si me vuelvo juicioso, ¿me premiarás con un viaje?
  • Para que lo pienses bien, ¡eso está muy costoso!
  • Debido a que es muy extenso, ¿no será mejor dividirnos el trabajo?

 

Pero, cuando estas oraciones van al final de un enunciado, se deben incluir dentro de la pregunta.

Ejemplos

  • ¿Será que saldremos a comer, si me pagan hoy?
  • ¡Qué pesar hacerlo salir, debido a que está lloviendo!
  • ¿Puedo contar con tu presencia, aunque te veo muy cansada?
  • ¡Qué emoción me daría, si todo sale bien!
  • ¿No será mejor dividirnos en varios carros, debido a que somos muchos?
  • ¡Cómo no ganaste el concurso, puesto que eras de las mejores!
  • ¿Podrías llamarme un taxi, si te queda fácil?
  • ¡No pienso ir a la fiesta, para que lo sepas!
  • ¿Crees que sea necesario llevar un suéter, aunque esté haciendo mucho calor?
  • ¿Están de acuerdo si dejamos algunas luces encendidas, puesto que no todos se han acostado?
  • ¡Estuviste excelente en la presentación, aunque te sentías insegura con el tema!
  • ¿Me premiarás con un viaje, si me vuelvo juicioso?
  • ¡Eso está muy costoso, para que lo pienses bien!
  • ¿No será mejor dividirnos el trabajo, debido a que es muy extenso?

 

6. Después de los conectores que están presentes en algunas oraciones y que tienen incidencia sobre las mismas.

Ejemplos

  • En definitiva, ¿qué mensaje te dejó la conferencia?
  • Eres muy bueno en lo que haces, en consecuencia, ¡el empleo es tuyo!
  • Te lo he dicho varias veces, en conclusión, ¿te quedó claro?
  • Por esa misma razón, ¡qué felicidad!
  • Lo hice arreglar, por lo tanto, ¿crees que seguirá siendo útil?
  • Por todo el amor sientes por mí, ¡no te imaginas cuánto te amo!
  • Eres capaz de todo lo que te propongas, por consiguiente, ¿aceptarás ese reto?

 

Cuando se trata de una oración que está unida con otra por medio de una conjunción copulativa (y) o disyuntiva (o), estas se incluyen dentro de la pregunta o la exclamación.

Ejemplos

  • Casi que no le respondo. ¿Y para qué le respondí? Era mejor quedarme callada.
  • La he estado buscando. ¡Y es difícil encontrarla!
  • Así no ha sido él. ¿O esa actitud se debió a que estaba acompañado? ¡Ojalá así sea!
  • Lo he llamado muchas veces. ¿Y por qué no me contesta? Creo que no quiere hablar conmigo.
  • Gané el examen. ¡O, al menos, eso creo!
  • Quisiera ir a hablar ya con ellos. ¿O será que los busco en otro momento más oportuno!
  • Se lo aclaré. ¿Y por qué lo hice? Porque quería que lo hiciera bien.
  • Tengo que hablar muchas cosas con él. ¡Y no ha sido posible!
  • Está haciendo un lindo día. ¿O será que lloverá más tarde? Espero que no.

 

Cuando se trata de la conjunción adversativa pero, esta puede ir por dentro o por fuera de la pregunta o la exclamación y no necesariamente debe ir coma entre la conjunción y la pregunta o la exclamación.

Ejemplos

  • Pero ¿por qué no me dijiste que ibas a salir? (Sin coma después de la conjunción pero).
  • ¿Pero por qué no me dijiste que ibas a salir? (Sin coma después de la conjunción pero).
  • Pero ¡qué barbaridad!
  • ¡Pero qué barbaridad!

 

Cuando se trata de poner varias interrogaciones o exclamaciones seguidas, si se consideran independientes, cada una de ellas empezaría con mayúscula.

Ejemplos

  • ¿Cómo se llama? ¿Cuántos años tiene? ¿Dónde estudia? ¿Está soltero? ¿En qué barrio vive?
  • ¡Vete! ¡No quiero hablar más contigo! ¡Ya es suficiente! ¡Quiero estar sola!
  • ¿Qué te dijo? ¿Por qué no te había llamado? ¿Todavía te ama? ¿Se terminó la relación?
  • ¡Cómo te extraño! ¡Cuánto te quiero! ¡Cuándo llegará ese día para verte de nuevo! ¡Te necesito!

 

Cuando son preguntas o exclamaciones que hacen parte de un mismo enunciado, entonces, se debe escribir cada una de ellas con minúscula y separadas por coma o por punto y coma.

Ejemplos

  • ¿Cómo se llama?, ¿cuántos años tiene?, ¿dónde estudia?, ¿está soltero?, ¿en qué barrio vive?
  • ¡Vete!; ¡no quiero hablar más contigo!; ¡ya es suficiente!; ¡quiero estar sola!
  • ¿Qué te dijo?; ¿por qué no te había llamado?; ¿todavía te ama?; ¿se terminó la relación?
  • ¡Cómo te extraño!, ¡cuánto te quiero!, ¡cuándo llegará ese día para verte de nuevo!, ¡te necesito!

 

Cuando la exclamación está constituida por elementos cortos que se repiten, los signos de admiración abarcan todos estos términos.

Ejemplos

  • ¡Ja, ja, ja!
  • ¡No, no, no!
  • ¡Sí, sí, sí!
  • ¡Vaya, vaya, vaya!

 

Usos especiales de los signos de interrogación y exclamación

1. Van entre paréntesis los signos de cierre, para expresar duda (los de interrogación) o sorpresa (los de exclamación), donde, en muchos casos, está presente la ironía.

Ejemplos

  • Fue suficiente (?) todo lo que dijo para salir del problema.
  • Tuvo un hijo a los 55 años y se siente tan orgulloso (!).

 

2. Hay oraciones que pueden ser interrogativas y exclamativa a la vez, y, en estos casos, se pueden combinar ambos signos. También se presenta el caso de oraciones donde se utilizan los dos signos a la vez.

Ejemplos

  • ¡Por qué tiene que ser así?
  • ¿Cuándo dejarás de trabajar tanto!
  • ¡¿Qué pasará mañana?!
  • ¿¡Cómo se te ocurrió decir eso!?

 

3. En algunos escritos literarios, así como en textos publicitarios o de carácter informal, es aceptado escribir tres signos de exclamación, para darle mayor énfasis a la expresión admirativa.

Ejemplos

  • ¡¡¡Nunca!!!
  • ¡¡¡Jamás!!!
  • ¡¡¡Ojalá!!!
  • ¡¡¡Eres el mejor!!!
  • ¡¡¡Súper!!!

 

4. En escritos enciclopédicos, cuando se trata colocar una fecha en la que no se tiene claridad, se sugiere poner ambos signos:  Ramírez, Carlos (¿1945?-2017), pero también se puede escribir solamente el de cierre:  Ramírez, Carlos (1945?-2017) y cuando no se conoce alguno de los datos, se recomienda escribir en su lugar el signo de interrogación de cierre: Ramírez, Carlos (?-2017).

Para tener en cuenta

Los signos de interrogación y exclamación pueden ir acompañados de cualquier otro signo ortográfico, pero menos del punto; es decir, si un enunciado termina con una pregunta o admiración, como estos signos terminan en punto, el punto y seguido, el punto y aparte y el punto final sería el del signo de cierre y, por tal razón, la oración que vaya después de ellos deberá escribirse con mayúscula inicial.

Ejemplos

  • ¡Ay, perdón! No fue mi intención.
  • ¿Usted otra vez? Ya le dije que no volviera.
  • ¡Ojalá todo le salga bien! Eso es lo que más deseo.
  • ¿Cuál es el tema principal de la conferencia? Quisiera enterarme previamente, para saber si voy.
  • ¡Qué día más soleado! Me gustaría estar en una piscina.
  • ¿Por qué estabas con tanto afán el día que nos encontramos? Tenía que hablar contigo.


martes, 19 de enero de 2021

ERRORES ORTOGRÁFICOS MÁS COMUNES

 


Una persona que quiere dedicarse a escribir, por hobby o profesionalmente, tiene que ser consciente de que una de las bases del oficio es aprender a utilizar sus herramientas. Del mismo modo que quien quiere aprender  a pintar tiene que familiarizarse con el uso de pinceles y saber distinguir entre óleos y acuarelas, y que quien quiere aprender a cocinar  también tendrá que saber hacer un corte en juliana o cortar ajos en láminas, nosotros, las personas que escribimos, tenemos que aprender a usar bien nuestra materia prima: el lenguaje.

A todo el mundo se le puede escapar una falta, pero un texto que tiene varias, o muchas, no se disfruta cuando se lee. Recuerda que la ortografía y la gramática existen para que el lenguaje escrito se entienda bien, para no confundir una palabra con otra o para comprender una frase a la primera sin necesidad de leerla varias veces. En un texto sin faltas el lector puede centrarse simplemente en disfrutar la historia.

Estas son las faltas más comunes que suelo encontrar en los textos que reviso (en rojo las formas incorrectas).

Echa un vistazo para ver si las estás cometiendo. Si ves que cometes varias de ellas, lo que te recomiendo es que revises el uso de las reglas ortográficas (por medio de libros, webs o apps de ortografía) y que leas mucho, libros clásicos y premiados. La lectura es una manera sencilla y divertida de mejorar tu ortografía y tu redacción.

1-EL DE QUE

Uno de los reyes de los fallos gramaticales es el mal uso del «de que». Tanto usado incorrectamente cuando no debe usarse (*«Me llamó la atención de que no viniera») como, sobre todo, cuando no se usa en construcciones en las que, precisamente, es necesario: «me acordé DE QUE», «me di cuenta DE QUE». Me encuentro muchas veces, incorrectamente, «me di cuenta que» o «me acordé que».

Este es el truco para saber cuándo el “de que” es correcto y cuándo no:

Sustituye todo lo que haya detrás del verbo por la palabra “ALGO”. Si te suena bien sin necesidad de añadir un “de” antes del “algo”, es que el verbo NO necesita un “de que”.

2- LA COMA CRIMINAL

La coma entre sujeto y verbo (o entre verbo y objeto) fue llamada «coma criminal» por el lingüista peruano Alfredo Valle Degregori y es uno de los errores gramaticales más comunes que me suelo encontrar con diferencia.

Pedro, comió su bocadillo es un error. Lo correcto es Pedro comió su bocadillo.  Y lo mismo ocurre cuando el sujeto es una frase subordinada completa: Lavar los platos por las mañanas era lo que más odiaba. Se escribe sin coma.

3-FALTA LA TILDE EN VERBOS EN PASADO

Otra de las faltas más llamativas, y corrientes, que me encuentro.

Si te acuerdas de cuando estudiabas en el cole las palabras agudas (con acento en la última sílaba, como París, vergel, pasión o aquí) siempre llevan tilde cuando terminan en -n, -s o vocal.

Y ese es el caso de muchos verbos en pretérito indefinido: llevó, acabé, sentí, miró, besé hablé, comió… 

Y también de algunas formas en presente, como está (del verbo estar), que también suelo encontrarlo mucho sin tilde.

4-HECHO/ECHO

La diferencia entre el verbo «hacer» y el verbo «echar» es tan solo de una hache en algunas de sus formas:

«Nunca he hecho los deberes en inglés» y «Primero echo las cebollas a  la sartén y luego corto los ajos».

El significado de ambos verbos es muy distinto y es importante recordar que «echar» (arrojar, lanzar, hacer salir algo o a alguien, etc.) también «echa la hache por la ventana», como me decían de pequeña para recordarlo.

5-«HUBIERON» PROBLEMAS, «HAN HABIDO» PROBLEMAS, «HABÍAN» PERSONAS

Lo correcto es: hubo problemas, ha habido problemas, hay personas.

El verbo haber en estos casos anteriores es impersonal (es decir, no tiene sujeto, como cuando decimos «hemos comido» o «han  viajado»). “Personas” (o “problemas”) no es el sujeto de esta frase, sino el objeto directo, y el verbo concuerda siempre con el sujeto y no con el objetivo directo. Por lo tanto, el hecho de que ese nombre sea plural no hace que el verbo sea plural.

De la misma forma que tenemos «Álex compró dos balones» (y no «Álex compraron dos balones»), tenemos entonces «Hay 16 cajas de cerveza», «Había tres cuervos» o «Hubo personas que lloraron durante la película». En su forma impersonal, el verbo haber solo puede usarse en tercera persona singular: hay, hubo, habría y habrá.

6-SOBRETODO / SOBRE TODO

Un error muy frecuente que encuentro es escribir «sobretodo» en lugar de «sobre todo».

Escrito junto, «sobretodo» es sinónimo de “abrigo” (una palabra actualmente bastante en desuso en España). En cambio, la expresión más usual «sobre todo» se escribe separada, ya que es la suma de un adverbio «sobre» y el sustantivo «todo» y significa «principalmente, especialmente«.

«Me gusta sobre todo el helado de vainilla».

Un pequeño truco para saber cuándo usarlo separado puede ser sustituir «todo» por «todas las cosas» («Me gusta sobre todas las cosas…»).

7-MI/MÍ, TU/TÚ, EL/ ÉL

Estas formas homófonas (que suenan igual pero, en este caso, se escriben diferente) se diferencian tan solo por una tilde, o acento ortográfico… que tiene una importante razón de ser: muestra cuándo esas formas están siendo más acentuadas al hablar, en realidad.

Brevemente, explico la diferencia entre estas formas. Las acentuadas son todas pronombres personales: mí («Han traído un paquete para mí»),  («Eres tú la persona que quiero»), él («No ha sido él, sino ella, quien ha conseguido el empleo»). Resumiendo: siempre se refieren a personas (o entes personalizados, como un perro protagonista de un cuento, por ejemplo).

En cambio, las no acentuadas son posesivos, como mi («Este es mi coche nuevo») o tu («Enséñame tu trabajo») o un artículo, el («El paraguas no apareció»). No se refieren directamente a personas sino que acompañan a un nombre (tu trabajo, mi coche, el paraguas).

La tilde ayuda a que, al primer vistazo, diferenciemos ambas en su forma escrita. En su forma hablada, las palabras con acento tienen, valga la redundancia, una acentuación más fuerte al hablar. Si quieres probarlo, lee en voz alta estas frases y compara: «Enséñame tu trabajo» y «Enséñame tú». O «El paraguas no apareció» y «Él no apareció».

8- «A PARTE»

Lo correcto es «aparte«. Irónicamente, ¡aparte se escribe siempre junto!

9-LOS PREFIJOS SIEMPRE JUNTOS Y SIN GUIÓN

Como escribía Berta Carmona en un antiguo artículo en este mismo blog, los prefijos se escriben unidos a la base léxica (cuando esta está formada por una sola palabra) sin espacio y sin guion intermedioantibacteriano, copartícipe, expresidente… 

La única excepción se produce cuando la base léxica está compuesta por más de una palabra, como  los prefijos irán separados: ex director general, pro derechos humanos… Y se usará guion sólo si la palabra empieza por mayúscula o es un número: anti-Podemos, super-8 o cuando sea necesario para la correcta comprensión del derivado: ex-preso (alguien que ya no es presidiario) frente a expreso (tren de viajeros).

10-GUIONES DE DIÁLOGO (RAYAS) MAL COLOCADOS

Aunque esta no es una falta de ortografía per se, usar correctamente las rayas de los diálogos ayuda a que el lector no se confunda y pueda disfrutar el escrito. En este capítulo se encuentran siempre muchos errores.

  • Diálogos que usan guión corto (-) en lugar de raya, que es lo correcto tipográficamente (–)
  • Acotaciones o incisos separados por comas en lugar de rayas (–He llegado a casa a las diez, dijo Elena)
  • Rayas colocadas al final de la acotación, cuando ya no son necesarias (–He llegado a casa a las diez– dijo Elena–)

11- AÚN/AUN

La versión acentuada de este homófono, aún, se utiliza como sinónimo de «todavía»: son completamente intercambiables, y puede ser un buen truco para saber cuándo acentuarla.

La versión no acentuada, «aun» es sinónimo de «incluso» o «ni siquiera».

Lo mismo que comentaba sobre las diferencias entre tú/tú y mí/mi, puedes leer en voz alta un par de ejemplos para notar por qué una de las formas lleva acento ortográfico: «No iré a la fiesta aún, es demasiado pronto» / «No iré a la fiesta, ni aun cuando venga a recogerme Cristina».

12- LA COMA ASESINA

Si la anterior falta de coma se suele llamar «la coma criminal», a esta la llamo yo la «coma asesina»: esa que, si falta, puede incluso matar a alguien. Con unos ejemplos lo veremos más claro. No es lo mismo decir:

–Vamos a comer, niños  (alguien llama a los niños para comer)

Que:

Vamos a comer niños (una persona le dice a otra que quiere comer niños).

Y este error ortográfico es de lo más habitual a la hora de escribir diálogos. Recuerda que, siempre, cuando un personaje se dirige en un diálogo a otra persona, por su nombre o apelativo, este siempre va entre comas.

–No lo entiendo, querida, ayer estaba bien.

–Siéntate, Pedro, quiero hablar contigo.


13- «NI SI QUIERA»

No puedo decir cuántas veces me encuentro estas formas escritas separadas, cuando lo correcto es la forma junta: ni siquiera.

14- PORQUE/ POR QUÉ, PORQUÉ

La confusión entre estas diferentes formas suele ser una pesadilla para el escritor que empieza. Dejo aquí algunas claves (y, como siempre, leer o pronunciar en voz alta nos puede dar muchas pistas de cuál es la forma correcta, si no nos acordamos).

  • Porqué: sustantivo. Suele ir acompañado de artículo o posesivo: «Nunca entendí el porqué de sus acciones»
  • Porque: conjunción causal, que introduce una frase subordinada explicando la causa de algo: «Hemos llegado tarde porque el autobús se estropeó»
  • Por qué: se usa en oraciones interrogativas (directas e indirectas): ¿Por qué no me habías dicho que era tu cumpleaños? No entiendo por qué no me dijiste que era tu cumpleaños.

15-CONTRA MÁS

Horrorosa expresión mal escrita, que no es correcta en absoluto, y que se lee muchísimo, incluso en periódicos y blogs. Lo correcto es “cuanto más” o «cuanto menos», nunca «contra más» o «contra menos».

16- USAR GUIONES EN EL PENSAMIENTO DE LOS PERSONAJES

Aparecen mucho también en los escritos que reviso guiones a la hora de remarcar el pensamiento de los personajes: es un error tipográfico, ya que, en español, solemos marcar los diálogos con el uso de guiones largos o rayas; para que no se confundan con los pensamientos es importante que usemos otra forma de señalarlos.

Lo habitual suele ser utilizar comillas: «¡Qué tontería más grande!», pensó Marcos.

En cambio, en los pensamientos indirectos no usamos ningún tipo de marca. 

17- NO USAR MAYÚSCULA TRAS EL PUNTO

Fíjate qué tontería de falta… y, sin embargo, es mucho más común de lo que parece y afea un texto mucho más de lo que creemos. Tras un punto, como he hecho yo ahora, nuestra siguiente palabra debe comenzar en mayúscula. No es más que una forma de resaltar esa pausa larga que es el punto y que no se nos pase por alto.


18-SINO / SI NO

También es muy común confundir la palabra «sino» con la expresión «si no».

Sino: como sustantivo, es sinónimo de «destino» («¿Qué puedo hacer? Es mi sino»). Como conjunción, «sino» introduce una variante a un elemento dado: «No es Teresa, sino Luisa, quien se encargará de la revisión», «No es blanco, sino negro».

Si no: En este caso, se trata de la unión de la conjunción condicional «si», que abre el inicio de una frase condicional, y la partícula negativa «no». «Si no vas al trabajo, te despedirán».

Un truco para diferenciar esta forma de las anteriores rápidamente es eliminar el «no»: seguirá quedando una frase gramaticalmente correcta («Si vas al trabajo, te despedirán») mientras que en los otros casos, será una frase que no tendrá ningún sentido: «¿Qué puedo hacer? Es mi si» o «No es blanco, si negro»

19- SI / SÍ : SI QUIERO, SÍ, QUIERO

Y antes de que alguien piense que la última frase del ejemplo anterior puede ser correcta… cuidado, no es así; sería correcta en el caso de que hubiésemos escrito: «No es blanco, sí negro».

Porque «si» sin acentuar  nunca indica, no puede indicar, afirmación. El «si» no acentuado es únicamente el condicional. El afirmativo, el «sí» contrario al «no», siempre va acentuado.

Y, de nuevo, si leemos en voz alta dos frases similares con ambas versiones notaremos la diferencia de énfasis, que es lo que señala el acento en la versión escrita:  «¿Antonio? Ese sí viene esta noche a la fiesta» y «¿Antonio? Ese si viene esta noche a la fiesta llegará tarde, ya verás».

Usar correctamente la tilde ayuda a que el lector comprenda, de inmediato y nada más empezar la frase, lo que queremos decir exactamente.

20-VAYA/VALLA, HAYA/HALLA/ ALLÁ

A este podríamos añadir, incluso, royo/rollo, o raya/ralla, que también son confusiones con las que me he topado, aunque sin duda las dos primeras son las ganadoras:

Valla: es una cerca que delimita un terreno («Prohibido saltar la valla»), mientras que vaya es una expresión de sorpresa («¡Vaya! He ganado el tercer premio») o la primera/tercera persona del presente de subjuntivo del verbo «ir»: «Que yo/ella vaya a la recepción no cambia nada».

Halla: sería la tercera persona del presente del verbo «hallar» (encontrar) «Una agente de policía halla un cadáver en un edificio abandonado»); «Haya«, de nuevo una forma verbal, en este caso del verbo haber («Espero que el sofá haya cabido en la furgoneta») o un árbol («Hemos plantado un haya y un abedul»).  «Aya» es sinónimo de cuidadora («Mi vieja aya se llamaba Matilde»). «Allá» es un adverbio de lugar («La casa estaba allá a lo lejos, a la derecha de aquella colina»).

21- FALTA DE SIGNOS DE INTERROGACIÓN Y ADMIRACIÓN

Muy común es últimamente encontrar, como contagio del lenguaje de mensajes de texto o wasap, frases interrogativas o exclamativas únicamente con el signo de cierre (?!) y no con el de apertura (¿¡).

En español y castellano, a diferencia de otros idiomas como el inglés o francés, no variamos la estructura de la frase al hacer una pregunta (en inglés, por ejemplo, pasan de «I can do it» a «Can yo do it?»), por lo que la única pista que tenemos para saber, desde el inicio, que una frase es una pregunta o una exclamación es el signo de apertura.

Es normal que en el lenguaje coloquial, hablando por mensajes con nuestros amigos, tal vez no los usemos, pero en el lenguaje de un texto literario siempre debemos incluirlo (a no ser que estemos transcribiendo unos mensajes de textos entre amigos, con sus faltas y sus giros coloquiales).

22- AY, AHÍ, HAY

Muy usual es también la confusión entre todas estas palabras (y doloroso para la vista).

Ay: es una interjección para expresar dolor. «¡Ay, me he dado un golpe con la esquina de la mesa!»

Ahí: como «allá», se trata de un adverbio de lugar, en este caso indica un lugar muy próximo al hablante: «Tienes la goma de borrar ahí, encima del escritorio»

Hay: es la tercera forma del singular del presente del verbo «haber»: «Hay una tetera preparada para la convención de enfermería». Recordemos que, en esta forma impersonal, siempre se usa así, en singular, aunque el objeto al que se refiera sea plural: «Hay veinte casos de viruela declarados en Salamanca».

23- MÁS / MAS 

La primera forma, la acentuada, es un adverbio de cantidad (contrario a «menos») y sin duda la más común -sobre todo en castellano, ya que la segunda apenas la usamos.

La forma no acentuada es una conjunción adversativa sinónimo de «pero», que en los países latinoamericanos tiene un uso más frecuente: «Me han subido el salario, mas no tanto como esperaba«. Si te fijas, es imposible sustituir esta segunda forma por «menos» sin que resulte incorrecta gramaticalmente: «Me han subido el salario, menos no tanto como esperaba». 

En cambio, la forma acentuada siempre se puede sustituir por «menos» y resultar correcta gramaticalmente: «Quiero más paella/ Quiero menos paella». «Esperaba más de mis sobrinos/ Esperaba menos de mis sobrinos».

24-QUÉ/QUE, CUÁNDO/CUANDO, DÓNDE/ DONDE

Como explica la Fundeu,  Cómo, cuándo y dónde se escriben con tilde cuando tienen carácter interrogativo o exclamativo, como en «¿Dónde has metido las llaves del coche?», «No hemos decidido dónde cenar», «¡Cuándo has llegado!» o «No sabes cómo llovía cuando salí del trabajo».

Estos adverbios se pueden confundir con las palabras como, cuando y donde, que se pronuncian igual pero se escriben sin tilde porque sus significados y usos son diferentes.

Para saber cuándo estas palabras son adverbios interrogativos o exclamativos, puedes usar este truco: si tras la palabra puedes incluir “demonios”, irá acentuada:

«¿Dónde DEMONIOS has metido las llaves del coche?» sería correcto y «dónde» irá acentuada.

En cambio, «Busqué las llaves donde siempre están, pero no las encontré», no llevaría acento, ya que sería incorrecto decir “busqué las llaves donde demonios siempre están…

25 A VER/ HABER,  A/HA

Haber: es el infinitivo de dicho verbo, que suele ser además el auxiliar para formas compuestas: «Haber venido antes si querías tener sitio», «No haber hablado es señal de inseguridad»

A ver: en cambio, se trata de la preposición «a» y del verbo «ver», es decir, siempre indica una acción en la que alguien va a observar alguna cosa, ya sea un futuro cambio, algo que está por venir, o un evento, etc. «Vamos esta tarde a ver las estrellas», o, más coloquialmente: «A ver si sale todo bien», que no es más que el apócope de «(Vamos) A ver si sale todo bien».

De hecho, un pequeño truco para asegurarte de que estás en la forma separada es colocar antes «vamos».

Y, sin duda, una de las faltas más frecuentes que me encuentro es utilizar la preposición «a» (sin hache) en lugar del verbo auxiliar «ha» (de haber, con hache) junto a un verbo: «Alejandra a llegado de París esta noche».

O, peor aún, al contrario, más doloroso aún para la vista es cuando alguien utiliza el «ha» del verbo «haber» en lugar de la preposición «a», y desgraciadamente he tenido que leerlo más de una vez y más de dos: «Vamos ha ver qué ocurre».


Extraído del blog de Diana P. Morales.