jueves, 19 de marzo de 2026

«EL DÍA QUE DIOS HABLÓ» LA NUEVA NOVELA DE IÑAKI MARAÑÓN

 




Tu tercera obra se titula EL DÍA QUE DIOS HABLÓ y la premisa de tu novela es rompedora: ¿Qué ocurriría si un ser superior demostrara su existencia? ¿De dónde surgió esta idea y qué querías explorar a través de ella?

 

La idea surgió por la anterior novela. En 2019 escribí La última plaga, una novela humorística sobre una pandemia mundial que solo contagia a los idiotas. Tras la tragedia del COVID llegué a la conclusión de que si escribía algo situado en un futuro cercano que fuera algo que mereciera la pena, porque una pandemia es una mierda. Así tuve la idea de qué pasaría en el mundo si «Dios» demostrara su existencia. Me pareció una buena historia que explorar.

 

¿Qué te interesa más, investigar las relaciones sociales, religiosas o humanas ante ese hecho?

 

Siendo importantes todas ellas, creo que las que tienen mayor fuerza son las humanas. El océano social está compuesto por infinidad de gotas humanas, formando corrientes superiores a nuestra pequeñez personal. Observar cómo los seres humanos intentan desenvolverse en esas corrientes me parece de los más entretenido.

 

Aurora Boreal es una protagonista muy singular: punk, doctora en religiones comparadas y experta en humor y feminismo. ¿Cómo nació este personaje?

 

Tal vez porque me gusta posicionarme con personajes aparentemente diferentes a mí. Ni soy punk, ni experto en religiones comparadas, ni mujer, y sobre mi humor y feminismo, mejor escuchar la opinión de los demás sobre mí. Pero tras la forma, su fondo tiene muchas similitudes conmigo, lo cual también me facilitó bastante la escritura.

 

¿Qué representa Aurora dentro de la novela, una voz crítica frente a la religión, una mediadora entre fe y razón, o algo distinto?

 

Para mí representa por lo menos las tres variantes: Una voz crítica, porque propone una revisión constructiva de muchos postulados religiosos; mediadora entre fe y razón, porque busca mantener puentes entre estos dos elementos sin dinamitarlos; y también algo distinto, pero eso lo tendrá que encontrar el lector.


 

La novela parece dialogar con grandes preguntas: el origen de la creencia, el mal, el papel de la mujer o el sexo en las religiones. ¿Qué te llevó a abordar estos temas en clave narrativa?

 

El hecho de haber crecido en un entorno social donde la religión estaba presente, pero donde en general no se explicaban, y mucho menos se comparaban, temas concretos como los que acabas de mencionar. Creo que existe mucha ignorancia sobre la religión católica, por poner como ejemplo la que he crecido, y mucha más ignorancia sobre las demás religiones.

 

¿Cómo equilibraste el rigor documental sobre las religiones con el tono humorístico que se va leyendo en la obra?

 

Intentando separar bien los dos aspectos. Hay un dicho que pongo en la novela que dice: «Gracias a Dios, todas. Gracias con Dios, las justas». Por tanto, el humor lo utilizo como envoltorio, como traje de un cuerpo que mejor no tocar. Y, aun así, estoy convencido que a más de una persona no le hará ni puñetera gracia, y pensará que estoy faltando el respeto a sus creencias.

 

¿Es una novela que busca ofrecer respuestas o más bien abrir preguntas sobre la fe y la sociedad?

 

Sin duda se busca mucho más que el lector se haga preguntas, o, mejor dicho, enfoque desde otra perspectiva, muchas cuestiones religiosas que no se suele realizar a sí mismo. No obstante, me parecía pertinente ofrecer respuestas sobre algunas de las cuestiones más clásicas y notorias, como la justificación del mal. ¿Por qué Dios, siendo tan bueno, permite tanto mal en el mundo? Ahí sí que ofrezco la respuesta.

 

En un mundo cada vez más polarizado entre creyentes y ateos, ¿crees que la literatura puede convertirse en un espacio más libre para dialogar sobre la fe?

 

Espero que sí. Uno de los problemas que veo hoy en día es el deseo de rapidez, de inmediatez, de aquí ahora y para ya. Vídeos cada vez más cortos con respuestas simples que nos satisfagan. El diálogo requiere tiempo y escucha, y la literatura permite mejor eso. Las palabras escritas (y leídas) permiten una mayor y mejor reflexión, que la palabra oída (y esperemos que escuchada).

 

La sinopsis termina con una pregunta sugerente: «¿Pedagogía o demagogia?». ¿Qué te gustaría que se preguntara el lector al terminar de leer tu novela?

 

¿Por qué? ¿Para qué?, y ¿por qué no?




El día que Dios habló

Autor: Iñaki Marañón

PVP: 20,60 euros


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