lunes, 11 de abril de 2016

El trabajo de un corrector

La profesión del corrector de textos es tan antigua como la imprenta, y sin embargo es un oficio generalmente muy desconocido. Eso se debe precisamente a que, si un corrector es realmente bueno, no se le ve: parte de su trabajo es ser casi invisible. Sin embargo, si en una publicación lo echamos de menos, puede ser nefasto para la imagen del autor.
Si un corrector pasa inadvertido, habrá hecho un buen trabajo.
Se trata de un oficio solitario y exigente, pero muy gratificante para el que de verdad ama la palabra escrita. ¿Qué hace exactamente ese extraño personaje para ganarse la vida?

Qué hace un corrector cuando trabaja en un texto

Un corrector, por supuesto, revisa la ortografía, los signos de puntuación, la gramática de un texto. Pero no termina ahí su tarea. También se encarga de que un texto, además de correcto, sea preciso. Combate las redundancias, las ambigüedades y el abuso de los verbos comodines («decir», «tener», «haber», «poner»…). Comprueba la coherencia tipográfica del texto, el uso de mayúsculas, la ortografía de los nombres de personas y lugares y se asegura de que los términos técnicos estén empleados con propiedad. Propone cambios léxicos cuando la palabra elegida conlleva connotaciones no deseadas y controla el uso inadecuado de cultismos («climatología» por «clima»). Y todo ello lo hace conservando el estilo personal del autor del texto. En pocas palabras: el escritor desarrolla una idea, compone una historia o explica una teoría; el corrector se encarga de que ese mensaje se transmita al lector de forma correcta, clara y eficaz.

Por supuesto, el corrector no es infalible. Aunque suele ser una persona perfeccionista y minuciosa, siempre existe la posibilidad de que se le escape alguna errata. Pero también, más incluso que en otros trabajos, la experiencia juega a su favor, y a lo largo de su carrera va desarrollando un ojo más agudo, algunos trucos de oficio y un insaciable afán de aprender hasta el último día que ejerza su profesión. Este es, de hecho, uno de los mayores encantos de este trabajo: que cada día es diferente y se aprenden cosas nuevas.

Cualidades que reúne un buen corrector de textos

  • No teme al silencio ni a la soledad. De hecho, la elevada concentración que requiere su trabajo a menudo le lleva a aislarse durante el desarrollo de su actividad.
  • Duda de todo, incluso de sí mismo. Es un especialista de la lengua, pero eso no quiere decir que lo sepa todo: un buen corrector se acompaña de diccionarios y obras especializadas y consulta constantemente los recursos virtuales. A menudo comprueba casi cada palabra de una frase.
  • Es una persona curiosa, con cultura general, por supuesto, pero especialmente con muchas ganas de aprender sobre toda clase de materias.
  • Tiene buen oído para buscar la cadencia idónea en el texto.
  • Es paciente: a menudo es un trabajo arduo y algunas erratas pondrán sus nervios a prueba.
  • Es una persona firme para defender la limpieza del texto, pero flexible para entender los intereses particulares de cada autor.
  • Siente un gran amor por la lectura y por la palabra escrita.
Todas estas características configuran a un auténtico profesional del lenguaje que realiza un trabajo artesanal que complementa al del escritor. Si desempeña bien su función, el texto ofrecerá lo mejor de sí mismo.

lunes, 4 de abril de 2016

Adiós a Chus Lampreave


Chus Lampreave fue una de las primeras y más genuinas chicas Almodóvar, aunque a menudo en sus películas hizo de abuela, y ha arrancado carcajadas con su humor natural, su capacidad para convertir en míticas las frases de sus personajes y, cómo no, sus gafas de hipermétrope.
Muchas de esas frases forman parte ya del patrimonio emocional de cualquier cinéfilo, como la de su celebrada portera cotilla de «Mujeres al borde de un ataque de nervios» (1988): «Yo soy testigo de Jehová y mi religión me prohíbe mentir».
Pero también el «Uy, se me olvidaba que soy diabética», que dice la terrorífica abuela de «¿Qué hecho yo para merecer esto?» (1984) o el «Cállate ya, cara de ladilla», que le espeta a Rossy de Palma en «La flor de mi secreto».
A Almodóvar le dijo dos veces no, en «Pepi, Luci, Boom... y otras chicas del montón» (1980) y en «Laberinto de pasiones» (1982). Y a la tercera fue la vencida. Su sor Rata de Callejón de «Entre tinieblas» (1983) fue su primer personaje con el director manchego. A partir de entonces, se hicieron inseparables.
Rodaron juntos ocho películas en total. Aunque no está en «Julieta», que se estrena esta semana, fue la madre de Eva Cobo en «Matador» (1986) y la tía Paula de «Volver»(2006). Con el personaje de portera hizo casi un género propio, en el que reincidió en «Hable con ella» (2002) y «Los abrazos rotos» (2009).
Fueron estos personajes los que convirtieron a Lampreave en una de las actrices más queridas por el público, a pesar de que siempre estuvo en segunda fila. Pero su carrera va mucho más allá, con más de 80 producciones de cine y televisión y una capacidad para seducir a los más grandes cineastas.

Su único Goya, como mejor actriz de reparto, lo obtuvo gracias a su doña Asun de «Belle Époque» (1992), la película que le valió el Oscar a Fernando Trueba, con quien también rodó «El año de las luces» (1986) y «El artista y la modelo» (2012).
Y con José Luis Cuerda formó parte del equipo de una de las comedias de culto de la filmografía española, «Amanece que no es poco» (1989), donde interpretaba la madre de Nge Ndomo, el único negro del pueblo.
Todo esto a pesar de que siempre dijo que no era una actriz vocacional, que lo suyo era la pintura. De hecho, estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, hasta que Jaime de Armiñán la «descubrió» y la introdujo en la televisión.
En el cine debutó con un pequeño papel en «El pisito»(1959) de Marco Ferreri. Con Berlanga rodó su mítica trilogía nacional, «Todos a la cárcel» (1993) y «Moros y cristianos» (1987). Fernando Colomo, Fernando Fernán Gómez, Santiago Segura o Antonio Mercero también se rindieron a su talento.
En los últimos años encontró un nuevo filón en la publicidad, eso sí, siempre con firma de autor: el anuncio de Campofrío dirigido por Benito Zambrano en 2014 o el de KH7 que filmó Juan Antonio Bayona, para el que recuperó sus clásicas gafas de aumento.
La echaremos mucho de menos. Descanse en paz.

lunes, 28 de marzo de 2016

Creadora del primer libro electrónico


Nació hace 121 años en Villamanín, León. Hija de una familia acomodada, Ángela Ruiz Robles se trasladó a Ferrol tras aprobar las oposiciones de maestra. Fundó una academia para adultos, que llamó Elmaca en honor a sus tres hijas -Elena, María Elvira y Carmen- y se jubiló dando clase a obreros que alfabetizaba de forma gratuita y desinteresada. Le dio tiempo, además, a escribir 16 libros. Pero doña Angelita era conocida, sobre todo, por sus innovaciones pedagógicas. Visualizó la era de las pizarras digitales con varias décadas de antelación. «El futuro habla, pero pocos entienden lo que dicen». Ella lo comprendía a la perfección. Y también que no debía perder el tiempo. Su mente privilegiada y su profunda vocación por la pedagogía y la educación le marcaron el camino. ¿Su objetivo? Aligerar los kilos con los que los alumnos cargaban sus espaldas resumiendo en un único libro todas las materias, hacer más atractivo y, al mismo tiempo más sencillo, el aprendizaje; en definitiva, convertir la enseñanza en algo interactivo y estimulante. Y en la primera mitad del siglo XX.



El libro electrónico de Ángela Ruiz Robles constaba de dos partes. La primera, de conocimientos básicos: lectura, escritura, numeración y cálculo. Haciendo presión en abecedarios y números se formaban sílabas, palabras y lecciones. La segunda funcionaba con bobinas, cada una dedicada a una materia. Y podía incorporar luz y sonido. El dispositivo estaba cubierto por una lámina transparente e irrompible, con cristal de aumento. E incorporaba, además, una luz, para que se pudiese leer en la oscuridad. Además, sumaba sonido con las explicaciones de cada tema. Todo en el tamaño de un libro, «de facilísimo manejo y peso insignificante», describía la propia autora. «Fue no solo una avanzada a su tiempo, sino una revolucionaria, porque en su patente añadía la posibilidad de incorporar en el futuro innovaciones como pulsadores de voz y calculadoras e intuía ya la importancia de aprender idiomas como el inglés y el francés».

sábado, 20 de febrero de 2016

Muere Harper Lee, la autora de "Matar a un ruiseñor"


La autora Harper Lee falleció ayer, 19 de febrero de 2016, con 89 años. Fue una escritora estadounidense conocida por su única novela: "Matar a un ruiseñor", todo un éxito literario, y que recibió el premio Pulitzer en el año 1960.

Harper Lee se ha ido, igual que vino: oculta de la prensa, sin hacer entrevistas, lejos del mundanal ruido y recluida en una residencia de ancianos.
Una autora que ha vendido más de 30 millones de libros por todo el mundo y que es considerada como un icono de la literatura norteamericana, leída por muchísimas generaciones de estudiantes en todos los colegios.

Ella nunca imaginó que iba a tener el éxito que se le atribuyó desde que dio a conocer su novela. En la única entrevista que se conoce, se lo dijo al periodista, totalmente extrañada.


Tal fue el éxito que tuvo, que al año siguiente realizaron una película, que es la que todos conocemos, interpretada por Gregory Peck, y que relanzó la novela, a lo que siempre se extrañó su autora, que no podía dar crédito al éxito que estaba teniendo, y la repercusión mediática que se había formado.


Y se escondió de todo el mundo, haciendo como el escritor J. D. Salinger y su obra: "El guardián entre el centeno", desaparecer completamente y recluirse en su casa, ajena a todo lo que había formado con esta novela.
Por mucho que le insistieron, tanto familiares y los propios editores, nunca más escribió ninguna obra.


Ahora, sabemos que el año pasado, la editorial sacó una segunda novela de Harper Lee, anterior a ésta que nos ocupa, y que la novelista la tenía muy bien guardada en su escritorio, pero por insistencia, y debido al mal estado de salud que ya tenía, la editorial la publicó, pero ella no asistió a su presentación.


"Ve y pon un centinela", empezará a vender muchos ejemplares, a raíz de conocerse la muerte de Harper Lee, aunque entiendo que a la escritora, eso ya no le importará mucho.
Toda su vida, estuvo apartada de la literatura, porque creo que no se esperaba el enorme éxito que había obtenido con su única novela.
Y eso la hizo atrincherarse de tal manera, que prefirió pasar por el anonimato y no estar haciendo entrevistas, que la obligaran a seguir escribiendo.

A veces no se entiende estas actitudes, ya que si tienes un don, y lo has sabido plasmar, puedes continuar haciéndolo, aunque nunca sepamos qué es lo que se le pasaba por la cabeza a la autora de una de las novelas clásicas de la literatura mundial.

Descanse en paz.

lunes, 15 de febrero de 2016

"Rayuela"


¿Sabían que existen 7,11 x 10 elevado a 74  formas distintas de leer su novela "Rayuela"?

Con un total de 155 capítulos la novela se pueden leer de muchas maneras. Con la lectura tradicional desde el primer capítulo hasta el último, o por el orden que quiera el lector, saltándose los capítulos a su antojo, o leyéndolo al revés.

También se podría leer, como propuso Julio Cortázar en un tablero de dirección, proponiendo una lectura completamente distinta y aleatoria, saltando y alternando los capítulos.



Y el autor decidió finalmente llamarla "Rayuela", en referencia al juego infantil. El objetivo de dicho juego es alcanzar el cielo, es decir el noveno cuadro, por medio de saltos en un pie. De ese modo, el cielo de la rayuela se constituye en el símbolo de esa quimera autoimpuesta de Oliveira de buscar siempre algo que no sabe qué es.



¿Aún no han leído la novela del escritor argentino?
Siempre es un buen momento para comenzar su lectura.

sábado, 13 de febrero de 2016

Nuevo libro sobre Harry Potter, el mago más famoso de la literatura


Habrá octavo libro de Harry Potter. La autora J. K. Rowling dijo en su día que la historia del niño no continuaría en las páginas, pero nueve años después de la publicación del último, su promesa se hace agua de borrajas. Ya se sabía que la obra de teatro Harry Potter and the Cursed Child (Harry Potter y el niño maldito) protagonizada por el hijo del brujo, Albus Severus Potter, se estrenaba el 30 de julio. Ahora se conoce que solo un día más tarde (precisamente el día del cumpleaños de Potter) saldrá a la venta el guión, escrito por la autora y Jack Thorne.
La obra, con el sobretítulo de "La octava parte. 19 años después", servirá para contener las ansias de los aficionados que no puedan ir al Palace Theatre de Londres. El espectáculo tiene, además, una estructura muy particular: se dividirá en dos partes, pensadas para verse en dos noches consecutivas o en el mismo día en sesión matinal y vespertina. Esta idea se traducirá en dobles ingresos en la taquilla del West End (barrio teatral de Londres), y ahora también en las librerías, donde Potter reunía siempre colas de aficionados. "Rowling y su equipo han recibido numerosas peticiones de los seguidores que no podrían estar en Londres para ver la obra y querían verlo en papel", explica David Shelley, editor del libro.
La historia retoma la trama donde se quedó "Harry Potter y las reliquias de la muerte", con Albus (que aparece en el primer póster) viajando por primera vez al colegio de brujería Hogwarts. El niño, como ocurría con su padre, tendrá que sobrellevar un legado que nunca quiso. El relato mezclará pasado y presente en escena, y tendrá como otro de los personajes al propio Harry, ahora empleado del Ministerio de Magia, casado con Ginny Weasley y con tres hijos.En escena habrá hasta 30 actores. Jamie Parker será Potter, y Paul Thornley, su amigo Ron Weasley, aunque la opción más polémica fue elegir a la actriz negra Noma Dumezweni como Hermione Granger. Rowling la defendió en Twitter: "El canon solo decía: ojos marrones, pelo desarrapado y muy inteligente. La piel blanca nunca se especificaba". La actriz Emma Watson también le dio su apoyo. El responsable de Oliver Twist, John Tiffany, se encargará de dirigirlos a todos.

sábado, 30 de enero de 2016

Erasmo de Rotterdam


Erasmo de Rotterdam, que se llamaba realmente Geert Geertsen, fue un filósofo, humanista y filólogo neerlandés que nació en el año 1466.
Al recordar a este personaje, recuperamos las razones básicas, por las cuales, nuestra profesión es necesaria en un mundo cada vez más dependiente de la palabra escrita (aunque proliferen otros medios, el escrito sigue más vivo que nunca).
Fue una de las figuras del Renacimiento y su humor franco y despiadado nos acompaña hasta nuestros días como su "Elogio a la Estulticia", también traducido como "Elogio a la locura".

Os comparto algunas reflexiones que hacía Erasmo sobre el oficio de los filólogos y su difícil oficio de correctores de obras.

  1. Amor loco, apasionado y desesperado por la palabra en todas sus formas (ojalá la palabra bella, pero al menos la palabra eficaz, transparente, digna).
  2. Una cierta obsesión compulsiva en la búsqueda de la perfección (aunque la perfección sea inalcanzable y lo sepamos).
  3. Deseo de mejorar (lo propio y lo ajeno que se nos ha confiado; esto es una actitud que nos atraviesa: también tratamos de mejorar nuestra persona, nuestra vida, nuestro entorno, nuestro mundo).
  4. Meticulosidad (que nada se escape de nuestra atenta búsqueda).
  5. Altos niveles de concentración y atención (aunque a nuestro alrededor el mundo sea un caos).
  6. Cuestionar hasta los propios paradigmas (quien no reconoce su ignorancia, no puede corregir la ajena).
  7. Expresar la duda de manera comprensible (saberse explicar ahí en donde la otra persona no desea escuchar que hay algo mal)
  8. No dar nada por sentado (dudar hasta de nuestra sombra).
  9. Verificarlo todo (hasta lo que creíamos saber).
  10. Verificar si la recepción del texto se acerca a su intención (si lo que entendimos era lo que la otra persona quería decir o provocar).
  11. Comprensión de la lengua como un sistema (verla en su esqueleto, con visión de rayos x; la gramática en su estado más puro, etéreo, abstracto y mágico).
  12. Aceptar que hasta las letras mayúsculas tienen un valor en la comunicación escrita (y que pasamos todos esos años estudiando Latín, Griego, Lingüística y Literatura para que se nos vaya la vida y se nos juegue el prestigio en una mayúscula).
  13. Leer de manera activa, necia, majadera, interlocutora, cuestionadora, respondona… (es otra forma de entretenimiento, después de todo).
  14. Leer en varios niveles: del código escrito a lo que realmente se dice desde el texto como mediador (y reconocer que algo puede estar “gramaticalmente correcto”, pero alcanzar proporciones épicas de error por otras razones más sutiles, que necesitarán incluso el apoyo de especialistas en el tema).
  15. Mente abierta y capacidad de adaptación (lo que es correcto en un contexto no lo es en otro).
  16. Información y amplia bibliografía (no seamos ilusos: lo que nosotros queremos saber, alguien más ya lo investigó, lo escribió y lo publicó; conozcamos nuestros autores, leamos, aprendamos y tomemos decisiones informadas y con criterio).
  17. Buscar el punto medio entre la firmeza y la flexibilidad (entre la norma extrema y su ruptura antojadiza hay un amplio margen de acción para lograr textos claros y correctos y, aún así, respetar la intención de quien escribe).
  18. Saber escuchar (entre nuestro criterio y el del autor se entretejen textos más completos gracias al trabajo en equipo)
  19. Saber ceder (la nuestra no es una lucha de poder sino un intento por ayudarle al autor a quedar bien; es su nombre, después de todo, en la cubierta del libro).
  20. Proponer, proponer, proponer (estamos aquí para dar soluciones, no para dejar árboles caídos a nuestro paso).